Public Static Void Man

Last update: November 25th 2009, 0:12:13

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XIII

Cierro la ventana del coche, el viento es fresco fuera. La berlina es silenciosa, no como el resto de coches que circulan por una de las muchas autopistas que circunvalan Moscú. Fuera del habitáculo el sol brilla con fuerza, y no veo más que cemento, coches y edificios. Harry y yo nos dirigimos al aeropuerto de Moscú. No ha dicho nada en todo el trayecto, y el taxista es una tumba. Llegó tarde ayer, tenía una herida en la cabeza. Se la curé como pude. No quería ni ver a un médico, aunque apenas estaba consciente. Ha estado muy raro durante todo el día, apenas ha hablado. No me ha contado qué hizo ayer, he intentado dejarle en paz. No entendí, y sigo sin entender, porqué reaccionó así. Quizás ha recibido órdenes que no me ha contado, o me oculta algo. No, confío en él, creo que es una buena persona. Hemos pasado por tanto juntos... Por mucho que solo sea su misión, podía haberme dado de lado, y sin embargo ha resultado que él también es un desertor como yo. Es un verdadero mulo, no ha dejado de tirar de nosotros, nunca se ha rendido. Pero no puedo creer que habiendo hablado de tantas cosas siga siendo un muro para mí. Hay un punto del que no puedo pasar con él, y trata de hacerme retroceder a partir de ahí. Quizá piensa que una huida transcontinental no sea el momento de hacer amigos. ¿Dónde estarán los exploradores españoles? Hace dos días que nos separamos. Miro por la ventana del coche. Los arcos de la Isla de Cristal refulgen al sol de media mañana, anclados como estrellas en la península de Nagatino. En los cimientos, un descomunal copo de nieve metálico levanta una estructura brillante, cristalina, en forma de árbol de navidad, cuyos pisos más altos traspasan la espesa capa de contaminación y se disipan en el cielo.

Ayer me hice con este nuevo teléfono. Un recuerdo de Rusia. Es tan fino que puedo tomar notas en la palma de mi mano. Harry contempla los coches pasar, taciturno. Parece enfadado, creo que no quiere irse de Moscú. Estoy segura de que esta ciudad le gusta. A mí no, hay muchas desigualdades aquí. Los ricos se pavonean mientras miles mueren de hambre y frío. Pero Harry se siente a gusto aquí, rodeado de contrastes. ¿Qué significará esta ciudad para él? ¿Habrá conocido a alguna mujer rusa? La historia de Harry es fascinante. Ha luchado en tantos lugares... Comenzó luchando en su tierra natal, y salió victorioso. Después recorrió el mundo luchando, siempre al servicio de sus ideales. Seguramente, sus acciones han influido en los grandes acontecimientos de este siglo. Según decía, por dinero suficiente para poner el pan sobre la mesa. Divorciado, casado de nuevo, a punto de divorciarse otra vez, con tres hijos de una mujer y uno de otra. Cuando le pregunté si había matado a alguien, asintió sin orgullo. Cuando le pregunté a cuantos, no contestó. Harán casi cuarenta años desde que dejó su Las Vegas natal, para trabajar para la Unión Americana como agente especial. Tan joven y ya debía ser todo un hombre de acción. Supongo que no le quedó más remedio, se encontró con la guerra civil. Tras el final de la guerra y la muerte de sus padres, debió pasar por un sinfín de organizaciones. Y sus matrimonios... aquella mujer de Chicago debía de ser realmente terrible.
Pobre Harry, se ha dado cuenta de que lucha por un cadáver embalsamado. Después de tanto combatir ha descubierto que no vale la pena. Después de tanto viajar, que el mundo es una mierda. Es un hombre que comienza a envejecer, aunque su forma física es impresionante para su edad, y es tan hábil con la avioneta como debajo del agua. Su coraje es impresionante hasta para las hazañas más inverosímiles. Un enorme buscavidas con las ideas claras, una educada máquina de matar. Con sus fuertes brazos, y unas manos nudosas, ásperas... con unas líneas tan marcadas en el costado... en fin.

Tengo que pensar en qué me tendré que centrar primero cuando llegue a Nueva York y me ponga a trabajar. Dedicaré un mes a investigar Europa desde dentro y a ir conociendo al equipo. Seguramente tendré que hacer alguna incorporación, debería hablar con la doctora Shakur. Me fascina Europa. Algo tan grande, capaz de lograr la paz y el bienestar social... Nunca he podido creer como se atrevieron a aplicar el sistema de decisión equilibrada hombre-máquina. Algo así nunca hubiera sido posible en Japón. Siento curiosidad por saber como se ha temporizado el sistema de poderes de la invención más grande de la humanidad. Mientras que Europa proporciona un sistema de gobierno interactivo, Babel facilita la comunicación entre culturas. Tras milenios de guerras y sufrimiento, nos dirigimos hacia un mundo en consenso. Espero que el Anillo Solar no cambie eso. El día está tan claro... no se ve una sola nube. Hoy hace sol en esta ciudad congelada. Hemos dejado atrás la torre de cristal. Tomamos la salida de la autopista que cruza por debajo del puente del río. En esta zona tiene dos cauces de diferente color. La nube de contaminación se espesa por momentos. Qué ironía, no creo que los paneles solares de la torre funcionen muy bien.

Mañana ya estaremos en Nueva York. Una nueva etapa va a comenzar. El proyecto que vamos a realizar es demasiado importante. Extender la red de Europa a todo el mundo. Tanto trabajo por delante... Empezaremos por América. El paradigma cultural es muy parecido, y puede que con una época de aprendizaje de unos dos o tres años obtengamos buenos resultados. Lo difícil llegará cuando lo integremos en India y Brasil. Allí tendremos que crear un paradigma cultural nuevo, con una época de aprendizaje de unos cinco años, quizá. Eso sin contar que hay que combinarlo con la base de conocimientos actual. Por suerte disponemos de...
Dios mío, no puedo creerlo. Un extraño ha entrado en el coche.

Seguirá...

XII

El viento entrando por la puerta es un fresco cosquilleo. Se apodera de la piel y despierta a H. El dolor de cabeza ha desaparecido, pero H no puede moverse sin temblar. Intenta abrir los ojos, pero solo ve hebras oscuras moviéndose alrededor de luces cálidas. Los sonidos son graves, como sordos golpeteos en su despertar. Tomando conciencia de su cuerpo, siente que es agarrado firmemente. Es levantado y arrastrado, golpeado, sentado de nuevo. El frío desaparece. H se siente relajado. Un picor interno sube hasta su cabeza con una idea: movimiento. H abre los ojos.

-Hola, Boris.- Frente a H, múltiples manchas de colores forman la imagen de Borislav. Luces de velas artificiales, madera veteada en círculos cubriendo las paredes. Música. Rusos.

-Bienvenido a Moscú, querido amigo. Estás en tu casa. Aunque ya sabes que aquí somos más selectos.- La voz de Borislav es corpulenta, de fondo rasgado, acento cortante.

-Yo también me alegro de verte, Boris. Sí, Moscú es una gran ciudad. Es una pena que os empeñéis en bebérosla- La visión de H comienza a definirse.

-Aquí no vamos a beber vodka, amigo mío. Esto es una taberna inglesa, ¿No te has dado cuenta? Pero dime... ¿Para qué necesitabas verme?- Borislav viste un traje gris y camisa clara, desabrochada. No lleva joyas.

-Una taberna inglesa en Moscú... Ya que me acerco a verte podías haber buscado un lugar más típico de por aquí.- Una oleada de sangre oxigenada inunda el cerebro de H. Aclara la voz, baja las cejas, echa la mirada a los ojos de Boris, y comienza a hablar con voz seria- Boris, hemos estado hablando mucho estos días. Por mensajes, por teléfono, videoconferencia... incluso tuvimos una reunión holográfica con todo el mundo. Reconozco que la calidad de tu criptografía es soberbia. Y tengo una gran confianza en ti, pero a veces no puedes estar seguro de nada hasta que alguien te da un apretón de manos.- Formula H tendiendo la mano.

-¡Ja ja ja!- La risotada de Boris asusta a una mujer de aspecto desaliñado, sentada cosiendo un cinturón de piel, de manera que la nanoaguja le cose unas puntadas extra en la mano. La mujer fija en él su ceño fruncido.

-Cómo disfrutas cuando te ríes, cabrón.- H retira su mano. Las mejillas redondeadas y la nariz afilaba de Borislav dan cobijo a unos ojos pequeños, oscuros.

-Eh, Pero... ¿Cómo? ¿Qué es ese lenguaje? ¿No te enseñaron tus padres a hablar correctamente?- Boris levanta el brazo- O... ¿No tuvieron tiempo antes de morir calcinados?- Un grifo colgante se acerca, llena la jarra de Boris de cerveza, y desaparece al gesto de H.

-Mis padres me enseñaron que las cosas no se toman,- Dice H mordiéndose la lengua- las cosas se piden. Por eso estoy aquí. Necesito dos salvoconductos para coger un vuelo de Moscú a Nueva York mañana.

-Vaya vaya, pues sí que empezamos bien.- Los ojos de fresco azul de Boris brillan- Aún no has hecho nada por nosotros y ya estás pidiendo favores. Una cosa es pedir y la otra es llorar como hiciste aquella noche en Jerusalén.- Boris bebe un largo trago de cerveza. H puede ver retazos de barba mal afeitada en su papada- Te recuerdo perfectamente, llorando como un niño pequeño. Y no te quejes, la cirugía hizo milagros contigo. Sobre todo para ser una parte tan delicada.- H abre los ojos de par en par, como tratando de asimilar el desafío de Boris. Al otro lado de la sala surge un vocerío. Fuera de la taberna, un hombre estrella la cabeza de otro contra una ventana repetidas veces, sin conseguir romperla. Algunas personas agitan los puños y emiten gritos rítmicos jaleando la pelea. Algunos salen corriendo de la taberna para unirse a ella. Un hombre tras la barra sube el volumen de la música para evitar oír los gritos de auxilio y las amenazas.

-¿Qué tal está tu mujer?- H alza la voz para reanudar la conversación, haciéndose oír entre el griterío.

-¿Qué?- Boris también alza la voz, aparentando no haber oído a H.

-¿Qué tal está tu mujer?- H repite la pregunta moderando su voz. Los gritos han cesado y son sustituidos por quejidos y lejanas sirenas.

-Oh, bien. Hace una semana le inyectaron las nanomáquinas buscadoras y parece que todo ha salido de maravilla. Han destruido el tumor.- Boris juguetea con su jarra de cerveza, perfilando el borde de la misma con sus obesos dedos.

-Si tus nanomáquinas monitoras lo detectan a tiempo, solo es una inyección.- Dice H reclinándose en el banco de madera. Se lleva la mano al bolsillo, pero no encuentra nada.

-Sí, pero no todo el mundo tiene monitoras. Deberías acercarte a África a ver cómo están las cosas por allí.- Borislav miró a H con aire preocupado.

-Vaya,- El rostro de H se agrió- ¿Desde cuándo te preocupan los africanos?

-La verdad es que me siento feliz de que ellos estén sufriendo y yo no. Es ley de vida.- Boris sonríe complacido.

-Ya me extrañaba a mí. Eso pega mejor con tu carácter.- Escupe H.

-Un poco de respeto.- Boris alterna sus frases con tragos de cerveza- No te pido que me lamas el culo. Sólo que no cruces la línea que separa una charla de una discusión. Ya hemos sido bastante buenos contigo. La suerte te abandonó. Podíamos haberte tenido por mucho menos.

-Ni que fuera tanto lo que te estoy pidiendo.- H levanta el brazo. El grifo colgante se acerca- Кофе.- El grifo derrama una bola de pasta transparente en la mesa. El chorro de café caliente solidifica la pasta y la transforma en un vaso.

-Y... ¿Tú crees saber hablar ruso?- Murmura Boris con ojos repentinamente vidriosos, delante de su jarra de cerveza vacía.

-Mi ruso no está mal.- H bebe un sorbo de café- ¿Me tomas el pelo? Este café no es inglés.- Dice H.

-Mira, pides demasiado. Creo que deberías confirmarte con tener la inmunidad, el salvoconducto, solamente para ti. Es todo lo que se merece un dos caras perdedor como tú.- Borislav golpea la mesa con su jarra.

-Hablo mejor ruso que tú, flatulento bastardo.

-Harry, estás acabado. Tu mujer te deja, tu jefe se va, y tu país te da la espalda. No te queda ningún amigo, y no esperes hacer ninguno aquí. Cogerás tu dinero y correrás a forjarte una prisión y morir solo, desesperanzado. Mírate, das pena. ¿En qué te has convertido? ¿Qué fue de ese soldado, orgulloso de su país? Antes de pedirme nada, deberías ponerte de rodillas y lamerme la entrepierna.

-Tú sí que estás acabado. Los chinos tienen bloqueadas vuestras explotaciones en el ártico, y controlan las del antártico a través de Sudamérica y Sudáfrica. Tu negocio allí pierde fuerza, la guerra os ha dejado secuelas que nunca podréis superar. Poner a tu hermana a cargo fue una buena idea, hasta que se le acabó la suerte. La lepra del agua.

-¿Cómo sabes eso?- Boris palidece. Sus cejas y su boca se curvan hacia abajo, pero momentos después frunce el ceño y levanta su puño.

-Tu mujer habla en sueños.- Borislav devuelve la última sílaba de vuelta a la boca de H con un tremendo puñetazo. Dos. Tres. H trata de levantarse, pero Boris aparta la mesa de una patada, le golpea en los genitales, lo coge del cuello y abre la puerta de la taberna lanzándolo contra ella. H cruje contra el frío suelo de fuera de la taberna. Borislav sale de la taberna andando por encima suyo.

-Vivir para nada o morir por algo. ¿Qué prefieres, Harry? Si te mato, tu infiltrado pasará.- H yace inmóvil en el suelo.- Menuda pinta llevas. Está bien. -Borislav se prodiga con una risilla maliciosa- Con esto te has ganado la inmunidad diplomática para una persona más aparte de ti, pero no tientes más a la suerte.- Las botas altas de Boris le alejan de H- La suerte no está contigo hoy.

Un pitido trae de vuelta el dolor de H. Sus oídos le hacen mecerse, a pesar de estar tendido en el suelo.- Duele.- H se lleva la mano instintivamente a su regulador- El submarino...- Se da la vuelta en el suelo, quedando tendido boca arriba- No me dolía tanto desde aquel golpe en el submarino. ¡Mierda! ¡Borislav! ¡Hijo de puta!- H trata de levantarse agarrando su cabeza, sintiendo la herida- ¡Pues claro que estoy solo! Y cansado...- H se yergue y camina tambaleándose.- Cansado de luchar para la puta América, de trabajar para ella. ¡Con lo jodida que está! Lo que llegó a ser tiempo ha... - A H le faltan las fuerzas y vuelve al suelo derrumbándose- El viejo soldado, del mismo puto imperio resurgiendo de otra guerra civil, igual que la anterior. ¡Estoy harto de joder, harto de que me jodáis, y harto de las putas medallas!- H se quita la sangre seca de los ojos y grita con todas sus fuerzas- ¡Con una medalla más se jode más! ¿Verdad, cabrones? ¡No hago esto para vengarme! ¡No es una medalla más! ¡Putos rusos! Jodeos todos... Que pena que esté demasiado viejo para aprender chino...- H se levanta de nuevo y reanuda su marcha- Los chinos deberían dar el golpe de gracia y tener el honor de destruir el planeta.- H camina haciendo presión en su herida- Lo peor de todo es que Ayame tiene una buena ración de polvos. Pero es una misión, y aquello que no sé dónde está escrito me impide tirármela. Si la muy puñetera no me mirara de esa manera, con sus ojos almendrados y esos largos labios como si estuviera esperando a que se le tirara encima... Lo que más odio es que me trate de coger de la mano.- Lejos de la taberna, no hay farolas que iluminen el camino, H se interna en la oscuridad- Por suerte, pronto saldremos de este maldito país helado, y la misión llegará a su final. ¿No decías, Tom, que pensabas irte a una isla desierta con tu mujer a agonizar en un éxtasis continuo? No esta mal, pero con la obscena cantidad de dinero que voy a sacar con esto, puedo pagarme la Seguridad Vital.- H saca su llavero de comunicaciones, pero está inerte.- Ah, ¡Putos cabrones! ¿Creéis que la voy a joder, verdad? ¡No en ésta, mi última oportunidad!

XI

H lanza el llavero de comunicaciones contra la moqueta. Con el golpe, la textura de las paredes se hace rugosa y la iluminación blanca se torna de color pastel. -Mierda. Tenía que haber hablado de esto con él.- Dice, sentado en una cama de silicona. El color de la colcha bajo su trasero sigue cambiando de color lentamente.

-¿Hablado de qué? ¿Qué has hecho con el ambiente?- Ayame cruza la puerta del baño, mirando a su alrededor, la cadera oculta tras una toalla de hotel. Sacude su oscura melena y la frota con un cepillo.

-Tengo algo más que hacer aquí en Moscú. Tengo que volver a ver a un viejo amigo. Nuestra relación ha cambiado, pronto será algo parecido a mi jefe. No sé si estoy haciendo lo correcto, pero creo que ha llegado el momento de cobrarme lo que se me debe. He dedicado toda mi vida a servir a mi país, y ahora me dan la espalda. Pobre Tom, ya no hay más remedio. Yo también debo romper esas cadenas.- Concluye H.

Mejor trata de no romper el controlador del Domoze- Ayame coge el llavero que H ha tirado- Aunque... ahora que lo veo, este ambiente que has activado tampoco está nada mal. Resulta muy acogedor. Harry, no tienes buen aspecto.- Ayame se inclina al frente sujetándose la toalla, para que H pueda verla arrugando los labios- No me lo puedo creer. Cruzando los controles rusos que parezcas más despreocupado que ahora, sentado en la cama de una habitación de un hotel de

★★★★★

Lo que necesitas es relajarte un poco, olvidarte de todo.

Ayame se sienta al lado de H y apoya la cabeza contra su hombro, sonriente-Harry, yo también dejo Rusia a pesar de tener aquí un futuro. A veces es necesario seguir adelante.- Ayame juguetea con el mando del ambiente. Una red de luminiscencias rosas se enciende en la habitación.- Es natural que la gente te juzgue, pero no dejes que te importe demasiado. A veces es complicado saber lo que buscas. ¿Sabes? A veces creo que sé lo que quieres mejor que tú. Tú eres un luchador. Solo quieres seguir luchando. Eres feliz recorriendo las estepas heladas, buscando la supervivencia a treinta metros bajo el agua. Lo veo en tus ojos, cómo se iluminan con cada reto superado, con cada nueva meta.

-Pero... ¿Por qué emperrarme en seguir buscando nuevos objetivos, nuevos cabecillas a los que venderme? ¿Por qué no terminar mi carrera sentado en una de esas cómodas butacas de oficina?- H levanta sus brazos, los cruza por encima de su cabeza, y sus vértebras crujen una a una, lentamente- Tú eres muy valiente, Ayame. Ser capaz de embarcarte en una aventura como ésta es algo sorprendente en alguien tan joven. Y siempre tienes fe en la gente. Yo ya no puedo tener fe en nadie más que en mí mismo. A veces no entiendo como puedes confiar en mí. Alguien que es capaz de dejar atrás sus amigos y su país. Alguien que no es capaz de mantener una familia unida.

Desde que nos conocimos me has sacado de aquel maloliente submarino ruso, me has llevado a través de kilómetros y kilómetros de hielo y nieve, nos pasaste a través de los controles de inmigración... me has salvado la vida unas cuantas veces. Lo has estado haciendo desde que nos conocimos. Solo puedo estarte agradecida. Confío en ti porque me has demostrado que puedo hacerlo. No me importa a quién hayas dejado atrás. Cuando me hablaste de tu pasado entendí que querías tener una familia, quizá las circunstancias te fueron desfavorables.

-Todos somos nuestras circunstancias, Ayame. Creo que no soy la persona adecuada para aquello que quiero ser.

-Yo no estoy tan segura. Tuviste esa vida, Harry. Pero no eras feliz. ¿Y sabes por qué? Porque no debes lealtad a nadie más que a ti. Las butacas de las oficinas serán cómodas, pero tú eres un animal salvaje. No podrían retenerte mucho tiempo. No te veo envejeciendo junto a una hoguera. Necesitas nuevos enemigos.

-Pero no sé qué esperan de mí. Quizá Tom tenga razón: no sé qué precio voy a acabar pagando. ¿Y si tengo que poner la vida de mis compañeros en peligro? ¿No debería retirarme en silencio, enderezar mi camino? Y sin embargo, allá voy, a vender todos mis secretos al mejor postor. Espero que sepas guardarme el secreto.

-No voy a contarle nada de lo que me has dicho a nadie. Y si quieres enderezar tu camino, asegúrate de que es el tuyo. Tus hijos ya son mayores. Una cosa es que hagas todo lo que puedas por ellos, y otra que te inmiscuyas en su vida. Olvida el pasado y sigue adelante. ¡No dejes escapar esta oportunidad! Y si lo que necesitas es dinero, los rusos pueden dártelo. Si te llevas bien con ellos, claro. Yo ya he bebido suficiente vodka.- El mando llavero en la mano de Ayame parpadea y comienza a sonar una tranquila melodía.

-No quiero dinero, Ayame. Quiero reconocimiento. Pero gracias por tus palabras de ánimo, las necesitaba. No sé qué haría sin ti. Tú eres lo único que ha tenido sentido para mí todos estos días.

-Bueno, es tu trabajo, ¿No?

-No es eso. Creo que sin tu apoyo, sin tu bondad, sin tu fe en la humanidad, sin tu sonrisa, no estaríamos aquí.

-Oh Harry, eh... el mando del Domoze está vibrando.

-Oh no. Es Borislav, tengo que reunirme con él. Tendré una pequeña charla con él para arreglar nuestro asunto.- H se apresura hacia la puerta- Mañana cogeremos el avión a Nueva York.

-Harry, espera un momento. Sabes lo que pasará cuando llegue a Nueva York, ¿Verdad? Tendremos un comité de bienvenida esperándonos, o así espero. Nos recibirán con todos los honores; habrá fiestas, celebraciones. Pero nos separarán. Me llevarán de turismo, me encerrarán en una burbuja con todas las comodidades, dejarán que me relaje unos días en soledad, y solo me sacarán de mi aislamiento para ponerme a trabajar. Sé cómo piensan. Una vez conseguida la presa no van a dejarla escapar. Pueden pasar meses antes de que volvamos a vernos.

-Ayame, no digas eso, claro que nos veremos pronto... Mira, Boris me está esperando. Nuestro salvoconducto depende de él. Es mi único contacto en Moscú. Tengo que irme.- H se muestra dubitativo, pero se da la vuelta.

-Quizá no volvamos a vernos nunca...

H se detiene en la puerta. Se da la vuelta y ambos caen en un abrazo. H comienza a acariciar la espalda de Ayame. Se miran a los ojos. Ayame tiene los ojos entreabiertos, y mira a H con la lengua en los dientes. H acerca su boca a la de Ayame hasta acariciar su flequillo con la nariz. Entonces, el martillo del miedo golpea su alma. H se separa de Ayame y trastabilea hacia atrás. La habitación gira a su alrededor a velocidad de vértigo. Un zumbido cruza su cabeza de oreja a oreja y vuelta a empezar. Miles de hormigas recorren su cuerpo de la cabeza a los pies. Su visión se reduce a una nebulosa de manchas rojas y grisáceas, que laten al ritmo que marca su desbocado corazón. Un dolor insoportable golpea la base de su cráneo. El profundo olor de su propia sangre le escuece en los ojos.

-No... puedo...- Murmura H.

-Harry, ¿Te encuentras bien?.

-No pasa nada, es solo que... tengo que irme.

H abre la puerta, toma el ascensor a tientas y sale del hotel. Le hace una breve seña al primer taxista de la fila y se derrumba dentro-A Presnenskiy Val, quiero decir... Пресненский Вал, шесть- Dice desvaneciéndose en el cuero raspado del asiento trasero del taxi.

X

Sudor...

Brisa...

Se desvanecen los sueños de gloria y Yuan abre los ojos de nuevo. Es de día, aunque el sol ya está bajo en el horizonte. El rumor del tráfico metropolitano sube hasta la habitación del hotel desde las calles. El aire tiene un ligero olor a heno, aunque predomina el olor metálico de la pesada nube de contaminación. Yuan se agarra a la funda del sofá y se retuerce bostezando. Siente sus músculos contraerse, estirarse. Sin soltarse del sofá, se deja caer al suelo y permanece tumbado allí durante unos segundos. Se levanta rodando lentamente sobre sí mismo. Abre el minibar, escoge una lata de té auto-térmico y la abre para que comience a calentarse. Enciende el terminal de comunicaciones de su habitación y realiza una llamada telefónica mientras bebe un sorbo de té tan caliente que le quema el paladar.

-Longaniza Risueña, ¿Dígame?- Grita Tom, abriéndose paso entre la muchedumbre bajo el cielo gris de Times Square. Fanfarrias y locuciones publicitarias tratan de superar el estruendo del tráfico, que circula a toda velocidad entre masas temerarias de gente cruzando las calles sin tiempo de esperar los desbordados semáforos. Luces coloridas y parpadeantes cubren los vetustos edificios, como una piel de escamas brillantes renovada cada estación. Desde una pantalla enorme, una pareja vestida con correas de cuero rojo envía besos a los transeúntes, saturados de imágenes eróticas a su alrededor. Ritmos electrónicos y hiphopescos saltan desde los coches, parcheados y gigantescos, en su mayoría. Hace frío, pero el asfalto está caliente. Los vapores de aceite frito y combustible se pegan en las fosas nasales de los viandantes. Aquí y allá, algunos llevan mascarillas para protegerse del aire, espeso y viciado.

-Tom. Soy Yuan.- Tom reduce el paso. Cerca, tres hombres reparten perritos calientes rancios a toda velocidad, calentándolos con una plancha microondas conectada a un generador de energía que petardea a un volumen increíble para su minúsculo tamaño.

-Hola, Yuan.- Tom alza la voz para hacerse oír entre el bullicio. Una tromba de gente corre hacia él, cruzando la avenida- Estoy empezando a ponerme un poco nervioso. Geryou y Harry ya deberían haber llegado a Moscú.- Tom esquiva la primera oleada de gente pero colisiona con un hombre vestido con una camisa con cuello chino. Ninguno de ellos se disculpa. Tom sigue hablando por su teléfono- Se encontraron con los científicos españoles. La tapadera funcionó bien. Cogieron la avioneta en el aeródromo de Talnakh y...- Tom esquiva el humo amarillo que emana de una rejilla de ventilación- aterrizaron en Dolgoprudnyy, en las cercanías de Moscú. Según parece, tuvieron un pequeño problema con un control que Harry tuvo que solucionar.- Tom entra en un estrecho pasillo rodeado por vallas de obra recubiertas de pintadas. Acelera para escapar del sonido de una remachadora de explosión que ahoga su voz. Gira a la derecha por la calle 46. Camina de lado entre el estrecho pasillo entre el torrente de gente y una enorme pintada: gene control is murder.

- Están en paradero desconocido desde entonces- Grita Tom con todas sus fuerzas para hacerse oír.

-Bueno... aparecerán.- Tom apenas oye la voz de Yuan.- ...tiempo para coger aliento. Y no... tanto. Todavía... con calma, ¿...Amigo?... terminaré este asunto. Iré a Moscú... Geryou Ayame.- Tom se detiene bajo una iglesia gótica reconvertida en sanatorio. Se aprieta contra un recoveco en la fachada para poder seguir hablando.

-Espera, Yuan. No es tan sencillo. No tienen salvoconducto. No podrán salir de Rusia sin hablar con Borislav antes. Creo que Harry intenta pasarse al otro bando. Puede que intente quedarse en Rusia. Hace dos días tuve una revelación. Mi cara estaba descompuesta en piezas muy pequeñas, se movían. Mi expresión cambiaba, pero como si mi cara fuera una especie de puzzle.- Tom entra en el silencio de la iglesia sanatorio, donde un harapiento hombre a cuatro patas espera en una sala de espera de olor ácido. No hay sillas. Relaja su garganta y su voz emana de ella con normalidad.

-Vaya con los alucinógenos... Bueno, eso no supone ningún problema. Yo no necesito salvoconducto. Tienes que tomártelo con más calma.- Tom inspira profundamente, pero su teléfono de palma hace vibrar su cráneo.

-¿Cómo que tú no necesitas...? Un momento, tengo una llamada. Creo que puede ser Harry. Sí, es él.- Dice Tom mirando la palma de su mano- Voy a contestar.

-¿Te importa si escucho la conversación?

-Que no te oiga o se pondrá muy pesado- Tom arranca a caminar. La masa de gente le engulle. Un conmutador virtual introduce un tercer interlocutor en la conversación- Vaya, Harry. Qué sorpresa.- Dice Tom.

-Hola, Tom. ¿Sorpresa? ¿Cómo, sorpresa? Deberías estar esperando mi llamada.- La voz de H suena grave a través del altavoz.

-Sí Harry. Sorpresa. Supuse que harías bien tu parte del trabajo- Dice Tom deteniéndose en un semáforo. A su lado, un hombre de vello facial vegetal y una mujer de armadura corta de placas coronada con una pluma de visión periférica. En lo alto de un edificio pequeño, un anuncio gigante de vaporizadores exhala bocanadas de humo verde que se mezclan con las nubes bajas. Tom reflexiona- ¿Te has dado cuenta de que ya no hay turistas en Times Square, Harry?

-Escucha Tom, me estoy jugando acabar torturado por Dostoievsky y su pica hielos. Los planes han cambiado. Me reuniré con Borislav y...- Una calabaza gigante en una furgoneta se detiene interrumpiendo el tráfico. Tom salta a la calzada.

-¿Los planes han cambiado? Desde luego que han cambiado, hijo de mil perras. Intentas traicionarnos.- Tom se detiene bajo la lluvia de luciérnagas publicitarias de un cine sensorial.- El salvoconducto solo es una excusa para poder ver a tu amigo Boris. ¿Acaso crees que cambiar de bando solucionará algo? No vales nada.- Tom espanta a manotazos las luciérnagas que revolotean a su alrededor.

-Tom, yo...- La voz de H suena temblorosa entre la armonía de cantos publicitarios.

-Eso es lo que quieres, ¿Verdad? O... Aprovechar el revuelo que se va organizar con mi jubilación para tomarte unas vacaciones con la joven japonesa en Rusia- Tom alza su voz desafiante contra la imagen de Alena Slugina y sus refinados genes estéticos en el cartel del estreno de cine sensorial, "Dark Dubai".

-Tom, yo... no entiendo tu cambio de actitud. Ya hablamos antes de empezar este trabajo. Iba a ser nuestra última misión juntos. Después te debías ir en paz. Solo quiero hacer lo mismo. Por lo menos intenta no ponerme las cosas más difíciles de como están- Un obrero con tatuajes fosforescentes derrama brea hirviendo sobre la acera. La gente se agolpa para no pisarla, haciendo que las luciérnagas publicitarias se dispersen en la altura. Tom mantiene el equilibrio agarrándose a una tubería desvencijada en la pared.- Qué quieres que te diga, Tom. Tú eres el que abandonas, eres el último que debería decirme nada. Y no voy a quedarme en Rusia. Tengo una misión que cumplir. Cogeremos mañana el avión a Nueva York.- Tom siente gotas de agua fría caer sobre su calva desnuda. Mira hacia arriba. Las nubes de color gris verdoso se mueven a toda velocidad. Una gota cae en su ojo, su acidez le hace llorar.

-Lo único que harás aquí será convertirte en un dos caras. ¿Cómo has podido, Harry?- ¿Cómo puedo retirarme sabiendo que vas a vender todo lo que he hecho por el Servicio? Podrán pagarte todo el dinero del mundo, pero el precio que has pagado es mayor. Si querías ser libre, ahora lo eres menos todavía.- Un camión pasa tan cerca de Tom que su espejo retrovisor lateral le golpea la mano. Tom comprueba si su teléfono de palma ha sufrido daños y se lo lleva a la oreja de nuevo.

-Tom, no malgastes tu primer momento de lucidez en meses. Ya lo sabes todo. Solo quiero que sepas una cosa más: no voy a disparar al pato cojo.- La lluvia arrecia. Tom corre. La colosal Torre 49, carente de brillo, mohosa, amenaza con caer de bruces sobre él.

-Oh, muy amable por tu parte, Harry. Yo también quiero que sepas una cosa. Tú también te convertirás en un objetivo algún día. Que te diviertas en Moscú.- Tom golpea la palma de su mano contra la pierna para cortar la comunicación.

IX

Zed pierde la conexión a la red de Europa y vuelve a escuchar al profesor de historia contemporánea. Siente un ligero vértigo al verse en una de las filas más atrasadas, más elevadas de la clase de la universidad. Mira a su alrededor para asegurarse de que nadie ve la pantalla a sus pies, proyectada por su multiuso Black Hat. La clase está abarrotada de jóvenes estudiantes que escuchan o se evaden en silencio. La sala, de forma sectorial, concentra la atención en el profesor.

-Un poco de atención, por favor.- El profesor alza la voz para tratar de despertar a los alumnos somnolientos- Estamos recordando las claves de la crisis de la economía pública americana, que llevó a lo que se denominan guerras privadas globales. Algunos historiadores coinciden en incluirlas en la misma categoría que las dos primeras guerras mundiales. La diferencia es la existencia de tres frentes diferentes, tres superpotencias, frente a los dos bloques opuestos de las anteriores guerras mundiales.- Zed mira de nuevo la pantalla a sus pies y comienza a escribir en el teclado proyectado en sus pantalones, pero se detiene, pensativo. Las letras a sus pies esperan. El profesor hincha los pulmones y continúa- Las causas de aquella gran crisis fueron el derrumbamiento del sistema de seguridad social, la pérdida de confianza en el sistema democrático, la corrupción, y la caída de las exportaciones como consecuencia del derrumbamiento del comercio mundial.- Hace una pausa para beber agua de un aparato de reciclaje de residuos personales. Zed apaga su computador multiuso y lo despega de la mesa.

-¿Por qué se llamaron guerras privadas?- Inquiere una alumna sentada en la segunda fila de bancos.

-Bueno, en algún modo fue el primer conflicto global en el que ejércitos privados defendieron los intereses de grandes empresas. A las puertas de los años veinte, la devaluación del dólar provocó que los bonos ofrecidos por grandes empresas comenzaran a ser más solicitados que las monedas emitidas por las grandes economías. Los bancos nacionales no estuvieron a la altura y las economías de los países europeos se derrumbaron como consecuencia del agotamiento del sistema de Seguridad Social. Las únicas economías que mantuvieron el tipo fueron las economías del petróleo y la guerra.

-¿Qué pasó con la seguridad social?- La alumna toma notas frenéticamente. Zed termina de limpiar su multiuso negro brillante con un paño estático y lo guarda en su bolsillo. Instintivamente, rebusca en los bolsillos de sus pantalones, como si le faltara algo. Hace ademán de irse, pero se queda. El profesor rompe su reflexivo silencio.

-Básicamente, los impuestos necesarios para mantenerla eran demasiado altos y se produjeron revueltas sociales. Como ya hemos dicho, la corrupción también influyó. Resumiendo- El profesor activó su intérprete de voz. Un proyector holográfico comenzó a dibujar en el aire las frases que pronunciaba.- Crisis mundial de los años veinte. Causas: Crisis de las economías públicas de occidente, desbocamiento de la deuda externa. Pérdida de confianza en el sistema (movimiento neo-hippy). Disminución de los recursos (petróleo, agua...) Consecuencias: Fin de la hegemonía estadounidense y europea (crecimiento de las desigualdades en las nuevas economías...etc.) Todo ello llevó a la inestabilidad global (segunda guerra civil americana, segundo holocausto, segunda guerra de Corea, guerras mediterráneas...).- El profesor desconectó el intérprete de voz- Y ahora tengo una buena noticia que daros. Es posible que ésta sea la última clase, porque...

-Náufrago.

-¡Ah!- Zed pega un respingo al oír una voz distorsionada que proviene de algún lugar a su izquierda.

-Náufrago, entrégate.

-¿Quién es? ¿Quién habla?- Zed mira a su alrededor pero no ve a nadie. En la última fila de la clase solo él está sentado.

-Nunca habías oído esta canción, ¿Verdad? Te hablo a través de tu iSelf.- Crepita la voz.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres?- Zed trata de hablar más bajo al darse cuenta de que algunos de sus compañeros se han dado la vuelta. El profesor continúa escribiendo en el holograma.

-Sabemos lo que hiciste en Europa.- Zed siente su estómago encogerse.

-¡No! ¡No fui yo! Quiero decir... no sé nada.- Zed siente calor naciendo en su garganta.

-Escucha, pequeño. Podríamos cargarte el muerto a ti como único autor del robo de información, pero sé que no estás solo. Así que voy a proponerte un trato. Tú me dices para quién trabajas.- Dice la voz, que calla durante unos segundos.

-¿Y?- Pregunta Zed finalmente.

-Ése es el trato. ¿Crees que estás en posición de negociar? ¿Quieres quedarte sordo para el resto de tu vida?- La voz aumenta súbitamente de volumen.

-No...- Zed se tapa instintivamente las orejas, agitando la cabeza. El volumen que soporta roza el umbral del dolor.

-Tienes tres segundos antes de que te fría la cabeza.- Dice la voz.

-Many.- Musita Zed. Uno de sus compañeros le lanza una bolita de papel.

-¿Qué has dicho?- La voz se suaviza.

-Many@phrack. Ha sido many@phrack. Trabajo para many@phrack. Pero yo no robé nada.- La voz se apaga con un chasquido. El profesor calla. La clase está llegando a su fin. Zed se levanta tembloroso. El resto de alumnos comienza a recoger sus cosas y a levantarse. Zed baja las escaleras en silencio, tratando de no toparse con nadie. Busca con la mirada a Lla. La encuentra sentada al lado de un asiento vacío. Sus miradas coinciden por un segundo, pero Zed la evita. Se dirige en silencio hacia la puerta por la que sus compañeros más apresurados ya están saliendo. Bajo el umbral de la puerta las fuerzas parecen abandonarle y cae al suelo. Cuando sus compañeros van a ayudarle ya está muerto.

A diez mil kilómetros de distancia, Yuan retira la venda de su cabeza. Está ardiendo. Su cabeza también.- No te necesito.- Dice tirando su interfaz de comunicaciones por el balcón- Se levanta sin abrir los ojos y entra a trompicones al baño de su suite. Pone la cabeza bajo la alcachofa de la ducha y conecta el circuito de agua fría. Un manto gélido rodea su cuero cabelludo y resbala por su cara, nuca y cuello. El agua empapa su ropa, baja por su espalda y hace que sus músculos se relajen. Arquea su espalda hacia atrás todo lo que puede y estira sus brazos mientras emite un largo gruñido. Controla su respiración, que se hace más lenta. Permanece bajo el agua hasta que las yemas de sus dedos se arrugan. Después, se seca, se desnuda, y se duerme en el sofá.

VIII

Yuan desconecta su interfaz de comunicaciones de latencia mínima -una venda de tela gruesa decorada con una banda morada. Los nanosensores colocados en las mochilas del ártico mueren hasta la próxima conexión. La espalda de Yuan está mojada de sudor. Se levanta del sofá y comienza a andar por el suelo cubierto de moqueta granate. Hace un calor sofocante. Abre la puerta de la terraza y una suave brisa le acaricia la frente húmeda. Las luces de todos los colores de la metrópolis le hacen sentirse extraño. El Shanghai World Financial Center corta el cielo como una cuchilla de afeitar. La luna solo es un punto entre las nubes revueltas. Se siente con ganas de reflexionar. Apoya las manos en la barandilla. Los sonidos llegan débiles por la distancia. Sirenas, voces, música. Las cortinas danzan a su alrededor con la brisa. Piensa en el grupo que duerme en la cueva, a salvo. Con languidez bebe agua de una botella de plástico en la mesa de madera de la terraza. Se coloca la interfaz de comunicaciones alrededor de la cabeza apretando el velcro y lo enciende deslizando sus dedos por las sienes.

Su mente explota en un árbol de conocimiento. Deja que el árbol de datos se enrolle sobre sí mismo, hasta que solamente quedan desplegadas una docena de ramas. En su introspección, recorre desde la raíz una de ellas, cuya punta se va abriendo conforme escoge entre sus ramificaciones el elemento que lleva asociado el nombre "Robo de información en Europa". La cantidad de información desplegada no es asimilable.

-Iniciar consciencia paralela.- Dice Yuan involuntariamente.

-Hola, Yuan.

-Hola. Inicia un debate en tiempo simulado. El objetivo es encontrar el objetivo más a corto plazo más probable para el robo de información en Europa. Toma los recuerdos que necesites, tienes prioridad sobre la línea de consciencia principal. También quiero información relacionada.

-Simulación finalizada. El objetivo más a corto plazo más probable es ocultar el método por el cual los autores del robo entraron en Europa. El autor más probable del robo es Glasnost Telco. La fuente física del ataque es un encaminador situado en Bielorrusia.

-¿Sugieres que fue un ataque fronterizo? No lo creo, es demasiado evidente...

-Es lo más probable. Otro posible autor es el director del centro de operaciones del NOC. El móvil sería obtener un aumento de la financiación.

-Haz una búsqueda más profunda.

-Sí.- Yuan nota una ralentización en sus procesos mentales, como consecuencia del intenso uso de su cerebro. Yuan hace girar su árbol de conocimiento hasta dar con el mapa de Europa y localiza el encaminador afectado. Observa que ya ha sido reparado y los ladrones han borrado sus pistas.

-Yuan.

-¿Sí?

-Simulación finalizada. El nombre en clave del autor material del ataque es Náufrago. Es un estudiante de Exploración de Información. Resultado encontrado por línea de pensamiento aislada. Motivación: el ataque presenta el modus operandi de las antiguas comunidades que existían antes de que la exploración de la información se regulara. Perfil: joven deseoso de conocimiento, que busca romper las reglas y darle una lección al sistema.

-¿El sistema? ¡Europa!

-El encaminador atacado era vulnerable debido a un fallo de fabricación. En el momento del ataque, el fallo no estaba documentado, pero unos días después apareció una descripción sobre cómo reproducirlo en la revista pública del grupo Phrack. El fallo del encaminador permitía un ataque desde la frontera de la zona de seguridad. No sabemos cómo se desarrolló el ataque a partir de allí, pero lo que era casi seguro es que uno de los Phrack realizó el ataque. Concretamente, el artículo estaba firmado por un tal Náufrago.

-No es el estilo de Phrack, realizar un ataque abierto y al día siguiente reclamar la autoría. Era alguien tratando de llamar la atención.

-¿Me uno a la línea de consciencia principal?

-Continúa.

-El artículo fue publicado en la sección “Aspirantes”. Lo que quiere decir que fue escrito por alguien que buscaba entrar en la comunidad Phrack. El artículo fue borrado minutos después. Probablemente alguien lo vio y pensó que era demasiado llamativo. Necesitábamos averiguar quién era ese tal Náufrago.

-Entrar en Phrack...

-La seguridad de ese grupo es activa y muy efectiva. Así que en lugar de tratar de entrar en Phrack, decidimos buscar a los otros Náufragos.

-Ya entiendo...

-Es muy probable que alguien que firma de una manera en un lugar, firme de igual manera en otro lugar diferente. Así que buscamos la misma firma en otros lugares. Tratamos de entrar en las cuentas que todos los Náufragos del planeta tienen en sitios de otras categorías. Entramos en todos esos lugares. Robamos todas esas llaves, y descubrimos que una de ellas era la llave a la cuenta de Phrack para Náufrago.

-¿Usaba la misma clave en lugares de diferente nivel de seguridad? Definitivamente no es más que un aspirante.

-Una vez entramos en las cuentas de Náufrago solo tuvimos que cotejar los datos obtenidos con los de la Base de Datos de Ciudadanos. Eso nos permitió obtener su localización física. En este momento se encuentra conectado a Europa a través de una unidad multiuso. La marca de intercepción de sus comunicaciones no deja lugar a dudas. Está enviando sus mensajes cifrados por una ruta marginal, desde donde trata de buscar encaminadores en los que todavía no se ha corregido el fallo.

-Con eso no tenemos suficiente. Sabemos por dónde entró en Europa, pero no cómo. Ya hemos hecho bastante. Transfiere los datos al agente encargado del caso.

-Déjame hacerlo a mí.

-...

-El agente a cargo de la operación está quedándose atrás. Tiene los mismos datos que nosotros, puede que más. Y sin embargo no ha actuado todavía.

-No debemos actuar, solo aprender. Y, la verdad, no puedo creer que me sugieras eso. No debemos involucrarnos, podemos mandar toda la operación al fracaso.

-Yo solo soy una de tus consciencias. Sabes que si tú tuvieras los datos que yo he recopilado, pensarías lo mismo.

-Este caso es demasiado importante.

-Precisamente.

-El agente a cargo es uno de los mejores del servicio secreto chino.

-Por eso.

-Esto me viene grande.

-No trates de engañarte a ti mismo. Sabes que puedes hacerlo, y sabes que puedes hacerlo mejor que él. El asunto Geryou está casi solucionado. ¿Para que esperar a que nos den otro caso? Esto es importante. Tomemos la iniciativa. Saltémonos las reglas. Es el momento.

-Está bien, entra en su computador y saquea todo lo que encuentres. Espera. No. Eso podría alertarle, es obvio que no está solo. Yo lo haré. Únete a la consciencia principal.- Con dichas palabras, Yuan recupera sus facultades cerebrales. Recuerda a Náufrago, sus claves, su posición. Sin perder un instante, Yuan se conecta al punto de acceso de Náufrago y lo fuerza a reiniciarse enviándole un mensaje mal formado. Interrumpe la secuencia de arranque y suplanta a Náufrago en el acceso- El mundo es de los valientes.- Dice involuntariamente.

VII

Voces retumban en la caverna. Ecos milenarios reverberan con ellas, como si de tan pocas palabras pronunciadas en miles de años, los sonidos antiguos quedaran resonando; ocultos bajo el murmullo del agua que las paredes cubiertas de musgo rezuman. Las voces callan, las reverberaciones quedan. Silbidos de aire sacuden la luz trémula de la lámpara de gas que ilumina los rostros de los cuatro seres humanos sentados en las cuatro esquinas de un cuadrado imaginario. Cuatro figuras vestidas de rojo que hacen tres hombres y una mujer, alrededor de un montón de envases de comida vacíos. La luz recorta sus siluetas y las arroja en enormes sombras a las paredes.

-Aún queda cena, ¿Queréis mas?- Dice uno de los hombres, meneando una barrita energética.

-No gracias.- Responde Ayame, que dejándose caer sobre un brazo, se tumba en el suelo.

-Venga, no te hagas la dura. ¿Por qué no quieres comer más?- El hombre afila la mirada y acerca la barrita energética a la cara de Ayame.

-¿Dura? No te hagas el duro tú. Cómetela si tienes hambre.- Dice Ayame entre dientes, con ojos cansados.

-Llevo ya un buen rato pensando un chiste.- Interrumpe H, levantándose con esfuerzo- Pero no hay manera.- Se amasa el lomo introduciendo la mano por debajo del mono rojo, tratando de desentumecer su convaleciente espalda por la caída en el submarino.

-¿Tan bueno es? ¿Tanto merece la pena pensarlo? ¿No crees que estás perdiendo el tiempo?- Un explorador barbudo ya ha devorado la barrita energética, prácticamente de un bocado, y trata de vocalizar mientras mastica. Pequeños pegotes de pasta de chocolate salen proyectados por su boca.

-Bueno, es por vernos así vestidos. Los cuatro de rojo... pero creo que no sea apropiado para la ocasión.- Dice H.

-¿No es el color de la pasión?- Dice el hombre barbudo. Los hombres sonríen y Ayame consuma un bostezo. H empuja con el pie los restos de su ración al montón de desperdicios.

-Oh, bueno, creo que lo podrías contar de todas maneras. Estoy acostumbrada a estar rodeada de hombres. Lo que me faltaba, después de estar un mes en un submarino, ¿Quién me mandaba a mí irme a perder a las estepas rusas con dos exploradores y un... buceador? En fin, al final creo que me vais a contagiar vuestro humor. Si es que puede llamarse así, claro. Creo que son más bien grotescos intentos de llamar la atención.- La voz de Ayame se convierte en un murmullo mientras las pocas fuerzas que le quedan se le escapan por la boca.

-Gracias por la comida. No sé cómo podré pagaros.- La grave voz de H se pierde entre los recovecos de la cueva, generando decenas de ecos que devuelven sus palabras con irregularidad, dibujando un mapa sonoro de la caverna.

-¿Pagarnos, dices? ¿No lo hará tu jefe?- Dice el barbudo hoscamente.

-Espero que tengáis la suerte de cobrar antes de que se vaya.- La voz de H huye hacia la oscuridad.

-¿Que se va? ¿Cómo que se va?- El barbudo alza la voz. Nacen ecos que se alternan entre sí. Ayame desaparece entre la manta de nanotextil.

-No, bueno, realmente supongo que dejará todas las cuentas cerradas antes de abandonar. O así lo espero.- Aclara H.

-¿Abandonar? ¿Choricillo va a dejar el trabajo? Y, ¿A qué va a dedicarse entonces?- El hombre barbudo se levanta y se dirige hacia unas mochilas apoyadas entre sí, fuera del alcance de la luz de la lámpara. Los ecos de las voces y las pisadas se funden con el ruido del agua que fluye por las paredes y enrevesados cauces subterráneos.

-No se llama así, por Dios bendito. Se llama Tom. Todas esas tonterías, nombres absurdos, y metáforas cogidas por los pelos son para... marear la perdiz.- H comienza a andar a pequeños pasos, alejándose de la reunión.

-Te entiendo, yo también trabajo para un gilipollas.- El otro explorador, más callado, trata de poner fin a la discusión- Y me gustaría ver que fueras tan amable de dejar de hacer tantas preguntas, tienen que descansar.- Dice dirigiéndose a su compañero- Mañana tenemos que llegar hasta la avioneta.

-¿Harry, cómo se te ocurrió esa manera de evitar a los rusos?- Las preguntas continúan, los ecos renacen.

-Bueno, estuve un tiempo pensando. Pensando en cómo entrar en Rusia. La resolución de los sensores transcontinentales puede ser casi infinita, pero el punto débil no está en la percepción. Está en el procesamiento que se realiza para interpretar la señal. Nos quieren hacer creer que lo ven todo, y en cierta manera es cierto. Los ojos ven lo que tienen enfrente, pero a veces no son capaces de interpretarlo bien. ¿De qué le sirve recuperar la vista a una persona que ha sido ciega toda su vida? Lo único que han hecho es tener una vista excelente, pero son incapaces de asimilar todos los detalles. No basta con ver. Hay que percibir, comprender. La ingente cantidad de datos que obtienen es imposible de procesar con la computación actual. Lo que hicimos fue engañar al ojo para que reconociera otra imagen. Había que ofrecer una imagen clara, sencilla, que no dejara dudas. Ahí es donde entra un amigo llamado Boris que trabaja en...

-Ajá. Y... ¿Por qué todos los rusos se llaman Boris?- El hombre lanza otra pregunta mientras rebusca ruidosamente en su mochila.

-Bueno, es Borislav en realidad. Creo que quiere decir gloriosa batalla o algo así- Dice H, tratando de aplacar su curiosidad.

-Oye, si el galleguiño sigue haciendo preguntas pasa de él, que no hace más que interrumpir...- Dice el otro explorador, sonriendo.

-Bueno, tú también estás interrumpiendo ahora. No os preocupéis, sabemos que la tundra es solitaria- Dice Ayame, aún despierta.

-A ver, dejadme terminar, por favor.- Dice H acercándose al grupo sin poder evitar sonreír. Boris trabaja en identificación y seguimiento internacional de personal. No podría justificar la aparición de dos personas, Ayame y yo, en medio de la nada, pero una expedición al ártico era la tapadera perfecta. Boris os facilitó los trámites para poder llegar hasta allí, donde nos encontrasteis.- H se sentó de nuevo, con los ojos muy abiertos- La idea se me ocurrió gracias a un libro que leí una vez. Detallaba el caminar por la arena de los beduinos. Caminar largas distancias por la arena es agotador. Cuanta más fuerza haces para andar, más se hunden tus pies, dificultando el siguiente paso. El paso apropiado para andar por la arena debe ser arrítmico, dejándose uno llevar por las dunas, por las elevaciones y depresiones en la arena. Hay que caminar como si fuera otro el que está caminando, y tú solamente siguieras sus pasos. Entonces lo vi claro. Pie con pie, pierna con pierna, cadera con cadera, y brazo con brazo acompañando al balanceo.

-Para mí ha sido simplemente... nostálgico. Recordaba a mi padre cuando me llevaba caminando a grandes zancadas de pequeña. Subida en sus pies, agarrada a sus manos. Me gusta cuando la realidad se parece a los recuerdos.- La voz de Ayame se transforma gradualmente en un agotado bostezo.

-Recuerdo cuando tuve que aprender ruso por las malas. Y aprender ruso por las malas no es ninguna tontería.- Dice H.

-John.- Ayame habla con un hilo de voz. H se acerca y se inclina sobre ella, tratando de escucharla- Tengo frío.- Murmura.

-Buenas noches, amigos.- Dice H mientras coge una manta y se acuesta junto a Ayame. Los dos exploradores intercambian miradas de serio gesto.

A seis mil kilómetros de distancia, Yuan desconecta su interfaz de comunicaciones de latencia mínima; una venda de tela gruesa decorada con una banda morada. Los nanosensores colocados en las mochilas del ártico mueren hasta la próxima conexión. La espalda de Yuan está mojada de sudor. Se levanta del sofá y comienza a andar por el suelo cubierto de moqueta granate. Hace un calor sofocante. Abre la puerta de la terraza y una suave brisa le acaricia la frente húmeda. Las luces de todos los colores de la metrópolis le hacen sentirse extraño. El Shanghai World Financial Center corta el cielo como una cuchilla de afeitar. La luna solo es un punto entre las nubes revueltas. Se siente con ganas de reflexionar. Apoya las manos en la barandilla. Los sonidos llegan débiles por la distancia. Sirenas, voces, música. Las cortinas danzan a su alrededor con la brisa. Piensa en el grupo que duerme en la cueva, a salvo. Con languidez bebe agua de una botella de plástico en la mesa de madera de la terraza. Se coloca la interfaz de comunicaciones alrededor de la cabeza apretando el velcro y lo enciende deslizando sus dedos por las sienes.

VI

Ayame emerge del agua, desorientada. Con la mano cubierta por el guante de grueso neopreno retira la máscara y el regulador de aire. Traga agua, escupe, y tose.

-¿Todo bien?- Pregunta H, ayudándola a subir a tierra firme.

-Sí, creo. Solo he tragado un poco de agua. Pero... ¿No íbamos a encontrarnos con un banco de delfines?- Ayame hinca la rodilla en el hielo y se escurre el agua de encima.

-¿Seguro que estás bien? Es de suponer, ya que de lo contrario no estarías preocupándote por los delfines, pero me temo que te has vuelto a dejar engañar.- dice mientras se quita las aletas soltando unas hebillas situadas junto a sus tobillos- Me temo que se nos acabó el presupuesto en contratar al sol para que nos acompañara durante nuestro viaje por el hielo, así que no me alcanzó para los delfines. ¿No has tenido suficiente con ese banco de peces? Nos ha servido igual. Y hace mucho que no veía uno tan grande.- H suelta el velcro de su chaleco hidrostático, pasa los brazos por los agujeros de las mangas y deja la botella de aire, ya casi vacía, en el hielo.

-Sí, no estaba mal. Aunque oía sonidos extraños, y ahí abajo no se sabe de dónde vienen los ruidos.- Ayame trata de quitarse las aletas, sin mucha soltura. H la ayuda a quitarse de encima la botella de aire.

-Creo que esos sonidos eran las ballenas. Los peces que hemos visto eran lindos y silenciosos, es increíble lo pacíficos que pueden llegar a ser. Puedes nadar entre ellos sin que se asusten. - H suelta la correa de su cinturón de plomos, dejándolo suavemente en el suelo.

-Bien. Genial. Entonces, otra vez: ¿Dónde está el equipo de rescate? ¿Vamos a ir andando hasta Moscú?- Ayame hace ademán de ponerse en pie pero H la detiene.

-No hay equipo de rescate, unidad de traición.- Dice H bruscamente. Con un tirón extrae del saco dos enormes y finas sábanas blancas de su saco y tira una de ellas a Ayame mientras se enrolla la otra alrededor- Cúbrete con esto, te secará y te mantendrá caliente, está hecho de nanotextiles.- dice.

-¡Oh! Conozco estas cosas, simplemente se amoldan a tu cuerpo.- Ayame acaricia la tela con su cara, notando su suavidad.

-Bien, solo cúbrete con ellas. Y mantén un perfil bajo. No deben vernos. Te lo explicaré más tarde.- H se agacha- Esperaremos a nuestros guías para continuar el viaje con ellos.

-Me encanta viajar, solo que éste no es mi destino favorito... - Dice Ayame mientras se arrebuja en una bola de suave tela blanca.

-No te preocupes, Moscú nos está esperando.- H trata de sacar a relucir una sonrisa de oreja a oreja, pero se queda en una falaz mueca. El frío y sus preocupaciones endurecen los músculos de su cara.

-Ha sido buena idea traer mantas, si tenemos que esperar. Hace mucho frío.- Dice Ayame, oculta bajo una bola blanca que no parece tener aperturas ni imperfecciones.

-Hemos tenido suerte, no hay ventisca. Aún así, sin ellas no veríamos otro amanecer. Conservan el calor muy bien y nos las podemos poner encima de los trajes.- H hace un doble con la tela para poder dejar los ojos fuera. Rueda sobre sí mismo y escudriña el horizonte entrecerrando los ojos. Nunca ha visto el cielo del ártico tan claro, ni el aire tan cristalino. No sopla ni una gota de aire. Llena su puño de polvo de nieve y la estruja hasta comprimirla en un pequeño bloque de hielo, que deja caer.

-Bueno, por lo menos no necesitamos un sintonizador climático.- Dice la crisálida de tela blanca.

-No.- Responde H, mirando la lejanía- Supongo que tendremos que conformarnos con las mantas. Apenas tienen espectro infrarrojo y están hechas de una estructura molecular elástica, que absorbe la vibración molecular. Aíslan de verdad. Y deja de preocuparte, ahora dependemos de nuestros guías, gente de confianza.

-¿Guías? Pero, ¿No sabes orientarte, como lo has hecho bajo el agua?- La bola de tela se mueve inquieta.

-Sí, puedo hacerlo, pero hemos cruzado la frontera de sensibilidad de los sensores transcontinentales. Si fuéramos a pie nos detectarían, nos cogerían al llegar, o... cuando quisieran, estaríamos a su merced. Vamos a encontraros con unos científicos que nos ayudarán a llegar a Moscú. Están haciendo unas investigaciones por aquí. Son aragoneses. Te caerán bien.

-Científicos aventureros. Ya. Y qué más... ¿De dónde has dicho que son?- El ovillo de tela rueda hasta golpearse con él.

-Aragoneses. De Iberia, lo que era antes España.- Dice H sujetando la forma de tela.

-Es cierto, antes Europa estaba dividida en países. Siempre me resultó curioso que finalmente los europeos consiguieran unirse...-

-...bajo una misma bandera.- H termina la frase que Ayame había comenzado.

-Yo es que no soy muy de banderas, no me refería a eso.- La tela reparte la voz por toda su superficie. Ayame, totalmente envuelta en la manta blanca, se separa de H.

-¿Cómo así?- H deja de enfocar al horizonte para mirarla, pero en el rebullo de nanotextil no se dibuja expresión alguna.

-No entiendo esas ideas, lo que representan, creo que simplemente no las siento. No sé. Puede que sea porque siempre me ha parecido algo del pasado.- La voz sale distorsionada de la tela.

-¿Es por eso por lo que huyes de tu país?- Pregunta H volviendo a colocar su mirada en el horizonte.

-No es mi país. Aunque reconozco que algún día creí que podía serlo. Mi familia es de Japón, pero ya sabes cómo están las cosas allí. Mis padres huyeron a Rusia antes de que comenzara el bloqueo económico.

-¿Qué edad tenías entonces?

-Cinco años.

-Vaya. Y... ¿Nunca has deseado volver?- H contempla las montañas. Parecen elegantes gigantes dormidos, totalmente blancos. La luz del amanecer hace a las escarpadas cumbres arrojar afiladas sombras sobre las lomas, más suaves, a menor altitud.

-Bueno, quizás cuando se calmen las cosas. Ahora tendría bastantes problemas si llegara a dejarme ver por allí. Creo que me estoy empezando a hacer famosa o algo así. Y tú, ¿De dónde eres, si se puede saber?

-Americano.- H observa como el hielo a su alrededor brilla de color azul, como si estuviera viendo el océano bajo una capa de nieve traslúcida.

-Vaya, debería haberlo supuesto. John, el soldadito americano.

-Para servirla a usted, pero debes saber que no soy exactamente un soldadito.- H puede ver la nieve retroceder en la montaña, formando calvas como dibujos a lápiz sobre el papel.

-Bueno, pero eres algo parecido, o lo fuiste. Os admiro. A los americanos, quiero decir. Capaces de ganar dos guerras mundiales, soportar dos guerras civiles, y recomponeros.

-No me hables de ese modo, sabes que ya no somos lo que fuimos. Mira, allí tienes a tu equipo de rescate.- Dos figuras embutidas en trajes rojos se dejan ver mientras caminan, a lo lejos.

-¡Eh! - grita una de las figuras.

-¡Callad!- H pone el dedo índice sobre sus labios, tumbado en el suelo como está, tratando de evitar que los recién llegados atraigan la atención de los sensores, aunque seguramente desde esa distancia no puedan verle. Las figuras de rojo se aproximan. Llevan gafas que parecen proteger sus ojos de los rayos solares y telas enrolladas que les cubren de la cabeza a los pies. Parecen ir ligeros de equipaje.

-Harry.- Dice H, tendiendo su mano.

-Ramiro, ¿Todo bien? Vamos a llevaros a casa. O al menos a algún sitio más hospitalario que esto...- Dice una de las figuras en rojo, mientras toma la mano de H para estrecharla.

-¿No has dicho que te llamabas John?- La bola de tela eclosiona y de ella sale Ayame, indignada.

-John Doe. Llámame como quieras. Por cierto, ésta es Ayame.- Dice H, presentando a su compañera ruso-japonesa.

-Ah, el soldadito americano, ya entiendo. Dime, Don John Doe, ¿Cómo van a ayudarnos estos señores a salir de éste páramo helado?- Mientras H y Ayame hablan, las figuras de rojo preparan una docena de correas de un metro de largo cada una, enganchándolas en unas piezas de plástico para que puedan deslizar.

-Nuestros mayores problemas ahora mismo son la vigilancia aeroespacial, y los sensores de presión de área extensa, los sensores transcontinentales.- dice H cogiendo una manta roja que una figura de rojo ha dejado en el suelo- Como supongo que sabrás, desde que se demostró el Principio de la Traza es teóricamente posible hacer sistemas de detección personal de alcance continental. Bien, pues eso es precisamente lo que tienen los rusos.

-Sí, la llamábamos la “Teoría del Vuelo de la Mariposa”. En nuestro laboratorio hicimos una demostración algebraica del teorema de los infinitos subespacios. Vale, así que pueden vernos, pueden sentirnos, y probablemente hasta puedan olernos. ¿Cuál es el plan?

-La resolución del sistema está limitada por la distribución del sistema sensorial y su capacidad de cálculo.- Continúa H recitando de carrerilla- Principalmente por esto último ya que gracias al Principio de la Traza la resolución de los sensores es realmente asombrosa. Elegimos este momento para hacer el rescate porque los rusos han desviado su potencial de cálculo a la frontera suroeste. Nuestra ocasión es ésta. El sistema será incapaz de distinguir entre dos figuras de diferentes tamaños.

-¿Qué quieres decir? - Ayame se había perdido en la última frase que H había dicho.

-Vamos a fundirnos con estos hombres de rojo.- Dijo H.

V

En derredor de Ayame reina el gran azul. Allí donde la vista puede alcanzar; arriba, abajo, en todas direcciones, todo es de ese color. Un profundo azul carente de gradiente. En la superficie ya es de día, aunque el sol apenas es un punto luminoso a lo lejos. Ayame agarra a H de una robusta cinta cosida al chaleco hidrostático, aprovechando su empuje. Todo es silencio exceptuando el rumor del agua rozando consigo misma.
Ayame comienza a divisar el fondo oceánico, una veintena de metros por debajo de su cuerpo, que flota en el vacío. Siente un poco de vértigo. El fondo es una vasta extensión de arena ondulada, aparentemente sin ningún tipo de vida. Más adelante, un macizo rocoso submarino surge de entre la arena. Desde más cerca puede ver cómo, contrastando con la desértica arena, las rocas están plagadas de plantas que allí descansan y peces que las rondan distraídamente. Se maravilla de la diversidad y colorido de la vida submarina, aún bajo la superficie del océano ártico. Separa la mano que le queda libre del cuerpo como para saludar a los peces, sintiendo una corriente correr por el dorso de su guante. Comienza a agotarse por el sostenido esfuerzo. Deja de aletear y se deja llevar, agarrada a H. Puede ver cómo lo que parecía una distante nube de pequeños puntos oscuros se transforma en un descomunal banco de peces conforme se acercan a él, adentrándose en el grupo como si fueran un par de peces más. Donde posa su mirada, solo ve cientos de peces. Son pequeños, cabrían en la palma de su mano, con sus azules plateados y su fina línea negra que los atraviesa por el costado. La respiración de Ayame se acelera con excitación por la visión de la belleza. Lentamente, ascienden entre el banco de peces, hasta que los rayos de luz se hacen visibles al incidir en las pequeñas partículas disueltas en el agua y en sus microorganismos. Cuando los peces cambian de dirección, lo hacen todos a la vez, generando un latigazo de luz reflejada que recorre todo el banco de arriba abajo. Siguen ascendiendo hasta que la superficie rocosa se cruza con la frontera con el mundo aeróbico.
H sale del agua. El sol está dejando el horizonte, creando en el cielo un gradiente de blanco ardiente a lejano naranja que se diluye en el azul celeste, y añil que se pierde en las suaves luces de las estrellas que las nubes, apartándose, dejan ver. A su alcance en tierra firme, la nieve, el hielo, el inabarcable glaciar, y las montañas nevadas. Hacia el sur, su destino, el blanco azulado de la estepa helada con manchas de verde a lo lejos, únicos indicios de vegetación en aquel lugar del mundo de la superficie.
H pone un brazo en el hielo, que cruje; luego el otro, y con un esfuerzo titánico levanta el peso de su cuerpo y los treinta kilos de equipo para caer de bruces con el cuerpo fuera del agua. Rueda sobre sí mismo hasta quedar panza arriba mientras chorrea agua fría y salada. Se levanta dolorido para ayudar a Ayame a subir a tierra, pero ella no ha salido del agua con él.

IV

Ayame entró en la sala de recolección de residuos del submarino OKB-987 siguiendo a H- ¿Qué hacemos aquí? ¿Cómo vamos a salir?- Preguntó impaciente.

-Tal y como entré yo. A través del colector de basura. Este submarino tiene como particularidad un colector de basura no conforme con cierto reglamento, permitiéndonos salir.- H trataba de ahorrar palabras mientras rebuscaba en su saco.

-Pero....- Ayame no parecía conforme.

-Póngase el traje, el chaleco hidrostático, las aletas, y su regulador de oxígeno. Por favor, dese prisa.- Dijo H mientras le lanzaba dichos objetos.

-Pero, ¿Dónde está el resto del equipo de rescate? Y el helicóptero, ¿Dónde está? No se iba a rendir la tripulación del submarino?- Ayame se ponía el equipo mientras se quejaba, enfadada.

-Vine aquí solo. Mis compañeros únicamente me ayudaron a entrar, deberían estar a salvo ahora. No hay helicóptero, todavía. Puede que magnificáramos algunos detalles para que estuviera usted de acuerdo con el plan de rescate. Lo siento, la tripulación no se va a rendir. Y no hay ninguna fragata americana esperándola fuera. No obstante, dígame una cosa: ¿Realmente creyó todo lo que le contamos? ¿Todos los pequeños detalles que nos inventamos? O... estaba deseando creerlo...- H lanzó un gancho al codo vertical del conducto por el que había entrado y por el que pensaba salir.

-No es justo, arriesgo mis investigaciones, mis trabajos, mi carrera, mi vida, y.. ¿El único plan viable es una huida a través de un colector de basura? He cambiado de idea, gracias.- decía Ayame, que ya se había puesto el equipo completo y miraba a H sonriendo, como si estuviera posando. H se percató de que la Ayame no tenía una sonrisa forzada, sino unos largos labios. El mono de trabajo que llevaba apenas dejaba entrever sus formas. Parecía joven, y le caía bien. Despejó ciertos libertinos pensamientos de su cabeza y la miró con los brazos en jarra.

-Umm, es rápida, y veo que le gusta bromear.- Tosió exageradamente- Debo agradecerle su voluntad.- H estiró de la cuerda que colgaba del tubo- Bien, suba detrás mío por la cuerda. Una vez arriba, sígame, manténgase cerca. Mejor si me agarra, sabré dónde está. Hemos emergido con antelación, vamos con retraso. Si entra el agua por el conducto de escape, respire por el regulador. Una vez salgamos, sitúese a mi lado y agárrese. Buscaremos un banco de delfines que nos mantendrá a salvo de la vigilancia aérea.

-Bien, John, deberían haber extinguido el fuego ya, ¿Vamos?

-Hm.- H sonrió. - Vamos.


-¡Harry, no lo hagas!- Grita Tom mientras las alucinaciones que ha venido sufriendo durante toda la tarde se disipan.

-¿Quién es Harry?- Pregunta una prostituta detrás suyo. Está sentada en el sofá de su apartamento. Tom puede verla reflejada en el espejo.

-Tiene que pasar por Moscú. Boris está en Moscú. Su amigo Borislav. Su amigo de Pakistán. Tiene que aferrarse a algo.- Tom comienza a andar en círculos mientras habla.

-¿Aferrarse? ¿A qué?- Dice la prostituta mientras espera pacientemente a que Tom le preste un poco más de atención.

-¿Por dónde empezar? Necesita un mentor. Alguien que le diga lo que tiene que hacer, pagando un buen precio por él. Harry siempre ha sido un hombre de seguir órdenes, apenas tiene voluntad propia. Lleva muchos años trabajando duro por su país sin sentirse recompensado. Yo ya he tenido bastante. Me voy a plantar cocoteros.

-¿Y eso qué tiene que ver con Harry?- La prostituta se tumba tranquilamente en el sofá, dejando de tratar resultar sugerente.

-Él no tiene adónde ir. Yo me voy. Lo dejo. Él se queda solo. Podrían asignarle otro equipo, pero le conozco. Está harto. Está completa, total, y absolutamente harto y solo. Y por si fuera poco, sé que va a divorciarse. Si no necesita un cambio es que no es humano. Y ahí es donde entra Boris.

-¿Y Boris quién es?- La prostituta mira despreocupadamente el dorso de sus manos.

-Angelus Borislav. Agente del CSR ruso. Se conocieron en Pakistán. Ambos estaban allí durante los acontecimientos de Teherán. Fueron momentos muy duros para todos. Estuvieron colaborando, tratando de salvar todo lo posible. Cuando todo acabó, ambos habían ganado un amigo.

-¿Qué tipo de amistad tenían esos dos?

-Harry trabaja para el gobierno. Yo también. Soy su compañero, su superior. Un amigo en otro bando es algo muy valioso, pero también muy peligroso. Creo que va a tratar de sacar alguna ventaja de la situación. Nunca antes nadie ha podido pagar el precio de Harry; siempre ha sido un hombre de ideales. Pero ahora se está derrumbando. Quizás incluso sea él aquel que dé el primer paso.

-No lo entiendo.

-Harry es americano. Y ya sabes cómo son los americanos. Tan orgullosos... Pero su tiempo pasó. Quizá en otra época hubiera podido tener la casa más grande, el coche más grande, y la mujer con las tetas más grandes, pero ya no es posible. Para Harry el sueño americano terminó cuando las bombas cayeron sobre Nevada. Y él era demasiado joven para entender que estaba despertando en un mundo que le odiaba.

-¿Quién le odiaba?- La prostituta levanta lentamente su pierna derecha, dejando ver la cara interior del muslo.

-Todo el mundo. Cuando los Estados Unidos de América se derrumbaron, y durante la subsiguiente guerra civil, el mundo entero se lanzó a por los despojos. Él pasó por mil penurias y luchó durante años para reconstruir unos ideales destrozados. Y cuando lo consiguieron, ya era demasiado tarde. Su tiempo pasó, y lo habían perdido todo. Sólo les queda el orgulloso patriotismo que es desdeñado por gran parte del pueblo.

-¿Por qué?

-La huella de una guerra civil es demasiado honda. Es un trauma que parte en dos a generaciones enteras. Los padres de Harry murieron en Nevada. Él estaba lejos, luchando contra sus hermanos.

-¿Harry tenía hermanos?

-¿Cómo he tardado tanto en verlo? No le queda nada. Ni familia, ni amigos... Nada.- Tom se lleva las manos a la cabeza, sacudiéndola de lado a lado.

-¿Y su mujer?

-Están separados, envueltos en litigios. Hay una posesión muy valiosa de por medio, una mansión en Chula Vista que Harry obtuvo del gobierno cuando acabó la guerra. Úrsula, su mujer, lleva mucho tiempo acumulando pruebas de que Harry tenía amantes. Dinero, infidelidades... están destruyendo sus años juntos, despedazando su relación, tratando de llevarse algo más que el otro. Y sus hijos... bueno, tengo entendido que hace años que no los ve.

-¿En qué trabajáis exactamente?

-Dios, es cierto lo que dicen de las putas. Sois las mejores espías. Fuera de aquí. Voy a llamar a mi mujer.


En los alrededores de la universidad el sol ya se ocultó, y la ciudad se hunde en la oscuridad. Los coches eléctricos zumban, acompañando al fuerte viento que agita las copas de los plátanos, pletóricos de hojas. Dentro, lámparas de bajo consumo alumbran a tres jóvenes con una luz suave. Zed contempla a Lla mientras ella lee. Puede ver el incipiente cabello de su rapada cabeza como una matriz curva de puntos negros. Donde deja de crecer el cabello, se dibuja una imaginaria frontera que desciende por la sien, hasta dar con sus pequeñas orejas. En su lóbulo derecho descansa un pequeño pendiente negro de forma bicónica. Lla aprieta el gesto en una intentona de concentración.

-¿Cuándo deberían empezar a notarse los... efectos?- Yos habla mientras descansa tumbado encima de la hilera de pupitres.

-Depende de las características de cada individuo. Temperatura corporal, presión sanguínea, metabolismo... El ambiente también influye. Desde luego hoy no lo veremos. No suele tardar más de una semana.- Dice Zed con indiferencia, cruzando los brazos.

-Estos jambos se lo curran, parece aceite, pero es un mini-loro.- Yos levanta la cabeza de la almohada en la que ha convertido su mochila.

-Bueno, no es exactamente un altavoz. Es más bien un pequeño martillo, parecido a una baqueta de tocar la batería. Si no fuera fácil de colocar nadie lo compraría. Imagínate que tuvieras que meterte dentro un huesecillo hasta el tímpano.- Zed tira de su oreja hacia abajo y gesticula como si estuviera tratando de introducirse algo en su oído.

-¿Os acordáis de las primeras versiones, en las que un pequeño bicho que se te metía por la oreja?- Yos se incorpora y queda sentado con las piernas dobladas encima de la superficie clara y rugosa de los pupitres- Están preparando una que se engancha en el nervio.

-Eso era asqueroso. Y aún así consiguieron vender un buen montón.- Dice Lla con cara de desagrado sin apartar la vista de su libro.

-El aceite no contiene el estimulador. Contiene una sopa primordial, que luego se reorganiza.- Recita Zed.

-¿Sabéis? Creo que llevo un tiempo oyendo voces.- Lla se queda mirando a Zed, extrañada.

-¿Qué dicen las voces? ¿Cantan?- Yos se pone en pie, ansioso.

-Creo que sí.- Lla apaga su libro. Su título reza: "Heredarás la tierra".

-No puede ser, es demasiado pronto. No le ha podido dar tiempo a componerse tan rápido.- Dice Zed, desconfiado.

-Es posible que sí.- Lla emanaba una extraña sensación de seguridad en sí misma.

-Lla, son cientos de miles de nanomáquinas, necesitan tiempo para estructurarse. Es como curar una fisura en un hueso. Estás ida.- Despreció Zed.

-Y... ¿Con una pequeña ayuda?- Lentamente, en la cara de Lla comienza a dibujarse una sonrisa. Sus ojos amarillos abiertos de par en par se clavan en Zed, como si tratara de burlarse de él, simulando que realmente estaba loca. Se ríe maliciosamente y se tapa los oídos con las manos mientras menea la cabeza, sonriente.

-No habrás... ¿Lla, te has tomado algo?- Sin dejar de cruzar los brazos Zed eleva el tono de su voz, que se torna acusadora.

-Mejor para los exámenes. Dios mío, estoy oyendo cantar, pero... ¿quién canta?- Lla ondea rítmicamente siguiendo el ritmo de la música inaudible.

-Lla, tienes que sintonizar el iSelf. Piensa STOP.- Dice Yos.

-Mmm.- Lla levanta un brazo con los dedos extendidos y echa la cabeza hacia atrás.

-Piensa PAUSE, piensa SEARCH.- Yos se planta delante de ella, tratando de atraer su atención.- Un momento, ¿Como es la voz? ¡Dime!

-Es una mujer. Es una canción alegre. También oigo... Espera, ¡Conozco esta canción!

-Son tus recuerdos. Estás oyendo una canción almacenada en tu cabeza.- Yos apunta con el dedo índice a su sien.

-¿Cómo?- Zed explota en una carcajada.

-Estás oyendo tus recuerdos. Es el interfaz neuronal. Se está acomodando en tu cerebro, aprendiendo de ti. Algunos usuarios tienen audiciones residuales durante los primeros días.

-¡Oh, qué bueno!- Lla se sube a una mesa y comienza a entonar una canción ininteligible.

-Yos, estás tan tomado como ella. Lo que has dicho no lo tienen ni los agentes chinos. Bah. - Zed pulsa su pequeña perla negra, proyectando una pantalla a sus pies- Alarma de rastreo. Mierda.- Zed recoge sus cosas y se alza de un salto.

-Bueno nos vemos mañana. ¿A qué vendréis?- Pregunta Yos decepcionado mientras Zed huye a grandes zancadas hacia la puerta de salida.

-Historia contemporánea.- Oye gritar a Zed, lejos ya.

III

H contiene la respiración mientras su pulso se acelera. Ante sí se presenta una mujer asiática vestida con un mono color crema de cuerpo entero que diluye su menuda figura. Lleva el pelo oscuro recogido en un moño. En la lejanía aún se oyen ecos de voces y de pisadas metálicas. El aire es rancio y opresivo. La luz, pobre y artificial.

-Hola, ¿Amigo? Escuché ruidos, pero no me atreví a entrar. -Susurra la joven asiática.

-¿Geryou? Soy John. ¿Se acuerda de mí? Hablamos una vez. He venido a rescatarla.- Dice H, pensando que de inmediato tenían que ponerse el equipo de buceo y escapar. De súbito, la joven asiática suelta una carcajada, y comienza a reír en voz alta. H trata de evitarlo, acercándose a ella y cogiéndola del brazo, nervioso. La joven se tapa la boca con la mano, pero no puede contenerse y sigue riendo, a duras penas incapaz de sostenerse en pie.

-¿Qué pasa?- Dice H en voz baja.

-No es nada, solo que....- La joven trata de recuperar el habla.- Es que es tan cómico... "Vengo a rescatarla"- Dice con voz grave- Oh dios mío.- Rompe a reír de nuevo.

H entra en un breve estado de shock- Oiga, vale ya. Todavía no estamos seguros, tenemos que llegar a la superficie. Supongo que hizo lo que acordamos...

-¿Lo que acordamos?- Dice Geryou. Se oyen unas voces cercanas. H se queda helado. Esperan durante unos tensos segundos. -Se refiere a....- H la interrumpe con un gesto. Las voces se van alejando poco a poco.

-¿No lo hizo?- Pregunta H.

-La cocina no está vigilada de noche. Apagué los extintores y prendí fuego a la cocina. Estamos en superficie. ¿Nos vamos ya? Por cierto, puedes llamarme Ayame.- Dice mientras se deshace el moño. Es bastante más bajita que H. Una pequeña joven japonesa con una sonrisa forzada. Su pelo castaño oscuro contrasta con su piel clara. Lleva las mangas del mono sueltas, lo que deja entrever sus brazos mientras termina de hacerse una coleta. Las finas líneas de su nariz asoman por el flequillo inclinado, dejando solo ver uno de sus agradables ojos rasgados.

-Venga conmigo, por favor.- Dice H indicando la esclusa- Por cierto, ¿Cómo supo que era de los suyos? Me asustaría a mí mismo si me viera.

-Llevo aquí un buen rato, la sala apestaba, estaba vacía, no ha entrado nadie en un buen rato, y los hombres rana no se dejan ver por aquí. ¡Y que sea pequeña no significa que me tenga que asustar! - Dijo Ayame sonriendo forzadamente con los brazos cruzados.

H abrió la esclusa sonriendo.



Yuan cruza el Vondelpark de Ámsterdam sobre una bicicleta, esquivando y empujando a los peatones mientras engulle una hamburguesa de pan de leña con lechuga, tomate, cebolla, queso, carne de cerdo a la plancha, y un huevo. Los niños juegan a la pelota, los jóvenes tocan instrumentos de cuerda y percusión, y la gente pasea, descansa, y se divierte bajo un cielo incierto. En la laguna, un cisne sobrevuela el agua inquieto, haciendo círculos. En el jardín de flores, una mujer vestida de novia contempla las rosas azules. Yuan trata de acertar a una papelera lanzando la envoltura de su hamburguesa. Sin bajarse de la bicicleta se lanza por las escaleras de la estación de metro de alta velocidad. Tomando impulso, clava las ruedas en los soportes de las barreras, y salta al otro lado, cayendo en el hueco que le deja la gente alarmada. Pasa rozando los cuerpos de la gente que sube por las escaleras mecánicas. Ve la puerta del vagón cerrándose. Salta de la bici, y se lanza en plancha para introducir medio cuerpo en el vagón, bloquear las puertas mecánicas con la cadera, y empujarse dentro del vagón con los brazos. La bici cae suavemente de lado en el andén. El metro arranca y una joven de piel pintada con dibujos tribales se le acerca.

-Se puede entrar en bici al metro.- Dice.

-No importa, no es mía.- Contesta Yuan. El metro de alta velocidad llega a su destino: Station Amsterdam Centraal. Yuan despega una careta de tejido pegado a su rostro y se pierde entre la muchedumbre.



Yos sube por las escaleras hacia el salón de actos con una cantimplora. La conferencia ha terminado y los asistentes están abandonando la sala. Puede oír algunas conversaciones mientras atraviesa raudo la multitud- ...es lo que usa el ejército chino.... y va y me dice... me encantas... y me da un beso en los labios... sí... es un sensor olfativo que te avisa cuando la comida está hecha... doctora... venga conmigo... hay noticias de su marido...

Yos entra en la sala y ve a Zed fumar un cigarro. Sube las escaleras saltando los escalones de tres en tres.

-¡Wei!- Chilla lanzándole la cantimplora a Zed, que la atrapa y bebe un largo trago. Bebe tanto que se atraganta y el agua moja su camiseta y salpica su multiuso Black Hat. Los hologramas se diluyen en el aire.

-¡Mierda!. Dice Zed cogiendo la pequeña perla.

-Te lo mereces.- dice Yos riéndose de su amigo.

-Tranquilo, es impermeable.- Le contesta Zed secando su pequeño computador multiuso con el pulgar de la mano derecha.- ¿Quieres tabaco?- Le dice mirándole con una ceja levantada.

-No me gusta fumar. Te puedo hacer compañía si quieres.

-Pobre pequeño, no sabes nada de esta vida.- Zed aparta la cabeza para dar una larga calada.

Se oye el sonido de unas zapatillas corretear por el suelo. Yos y Zed se vuelven- ¡Aah!- Grita una joven en la puerta. Es Lla, una chica de pelo rapado. Lleva un traje oscuro de tela fina y elástica, muy ceñida, pegada a la piel. Yos cree que Lla se estaba tomando demasiado en serio esa manera de vestir y de comportarse. “Es una verdadera gótica” piensa. Lla grita pataleando en el suelo- Chicos, ¿A que no sabéis lo que me ha pasado?- Yos y Zed la miran estupefactos- Adivinad lo que me he encontrado en mi taquilla.- Dice Lla visiblemente emocionada- ¡Estaba envuelto en papel brillante, atado con una cuerdecita!

-Mmm... ¡Un anillo!- dice Yos por decir algo. Zed se ríe de su ingenuidad.

-Qué brutos sois. Es un regalo. Y creo que sé quien ha sido.- Los ojos de Lla parpadean de felicidad.

-Ah, ¿Eh?...- Dice Zed, incómodo.

-¿De quién, de quién?- Dice Yos pegando pequeños saltos- ¿Qué es?- Se queda parado y piensa un momento- ¿Unos pendientes?- Pregunta.

-Casi. Mirad.- Lla abre lentamente sus dedos pintados de lila para dejar ver una pequeña cajita hecha de un material negro, liso, y brillante, con dos círculos plateados pintados en su cara superior.

-Ábrela.- Dice Yos, que no puede aguantar su curiosidad. Zed permanece callado, como si estuviera molesto.

Lla sonríe con una mueca y pulsa la cajita con el dedo. Sus uñas están pintadas con una fina línea de amarillo. La tapa de la cajita gira sobre sí misma y se esconde, dejando ver un pequeño frasco de cristal con un poco de líquido transparente.

-Uf, eso vale una choja.- Dice Yos, sorprendido.

-Bah.- Zed apura las últimas caladas de su cigarro. Lla extrae con cuidado el frasco de la caja.

-A ver si aprendes, tú.- Yos le pega un codazo a Zed- iSelf.- Las manos lilas de Lla abren el frasco.

-¿Vas a hacerlo ahora? Dice Zed con un hilillo de voz. Yos le agarra del brazo, sujetándole.

-¿Por qué esperar más? Siempre lo he deseado. -Lla vierte una gota de líquido sobre la punta de su dedo.

-Espera, yo te ayudaré.- Dice Yos acercándose. Lla se limpia la gota de líquido del dedo. Le da el frasco a Yos y se acomoda mostrando su cuello.

-Bueno, allá va.- Yos derrama unas gotas de frío líquido aceitoso en el oído de Lla.



Tom desliza la mano por la pared líquida. La fantasmal luz de la lámpara se derrama en el dorso de su mano, y en sus dedos. Dándose la vuelta no ve formas en la habitación, como si solo fuera un conjunto de colores derramados. Poco a poco, las formas comienzan a perfilarse, pero aparecen como gruesos trazos de negro. Y de nuevo las formas desaparecen en una adición pulsante de colores. Tom se mira en el espejo. Su cara está descompuesta en un puzzle de piezas tridimensionales que se deslizan unas sobre otras, recortadas sobre sus rasgos, los ojos inmóviles en el cristal. En un segundo, las piezas encajan y se encuentra mirando su rostro sorprendido.

II

Con todo el cuerpo apelmazado, respirando con jadeos y dificultad, H encuentra el tirador que suelta la rejilla. Estaba a su espalda, donde nunca alcanzaba a rascarse. La rejilla es liberada de su sujeción y H cae a peso muerto golpeándose contra el suelo.
El dolor sordo es bienvenido, le espabila después de haber estado comprimido un buen rato. H abre los ojos y mira a su alrededor mientras se levanta. Luces verdes y luces naranjas más débiles iluminan la metálica estancia, con pequeñas rejillas de ventilación en paredes y suelo, y una gruesa esclusa. H se quita la máscara de plástico transparente y retira el regulador de oxígeno de su boca entumecida. La estancia apesta a mierda húmeda. Es el primer momento que H tiene para pensar.


Tom coge aire, mueve los dedos de los pies dentro de sus cómodos zapatos de piel, se ajusta los puños de la camisa para que asomen ligeramente por las mangas de la chaqueta de su traje negro brillante, y abre la puerta de la sala de reuniones 88B, planta 14 de la Pirámide Transamérica, encontrándose dentro a media docena de monolitos vaporosos, esperando a que realice su informe presencial de carácter urgente sobre la Operación Azucarillo.

-Siéntese, Señor...

-Helmann.

-Siéntese señor Helmann (Um, como la mayonesa) - Piensa el monolito vaporoso. Éste, hecho de una pizarra negra resquebrajada, señala una fina silla de alambre espinado en el centro de la sala. El señor mayonesa se acerca a la silla mirándola con desprecio. Trata de acomodarse en ella pero las maquiavélicas puntas se le enganchan en el pantalón y se le clavan en la carne. Tras una serie de sugerentes movimientos de cadera, queda sentado en la silla adoptando la postura más ridícula que puede, sosteniéndose con las piernas para evitar pincharse, sacando trasero exageradamente e imitando la figura de una mantis religiosa de mofletes rosados.

-Comience.- Los monolitos humean con un vapor negruzco y maloliente, que hace que huela como si la sala no se hubiera ventilado en años. El vapor del monolito central se revuelve rodeando a Tom.

-Elegimos "Azucarillo"- Tom Helmann habla con un forzado acento francés- como el nombre de la operación porque es el método utilizado antiguamente para extraer las solitarias de los...

-Ya conocemos ese desagradable detalle. Comience.- Interrumpe otro monolito mientras su humo petardea. Dos monolitos sentados en un lateral de la estancia intercambian miradas de desconcierto. Todos van vestidos con oscuros trajes. Cuando sus manos se mueven, la pizarra se rompe y pequeños trozos caen al suelo, para deshacerse en un polvo como el de las limaduras de mina de lápiz.

-...enfermos afectados por tal parásito. - Tom se aclara la garganta y continúa hablando, abandonando el acento francés y alzando la voz. - Bien, como ya saben, nuestro enfermo es el submarino OKB-987. "O" de honorable, "K" de quelonio, "B" de venéreo, - Tom bota en su silla- "9" como el primer número de la suerte que es compuesto, "8" como el primer número de descomposición cúbica, y "7" como el número de cosas que el Señor odia. - Tom alza una mano y momentáneamente pone los ojos en blanco mirando al techo de la estancia. -"Proverbios", seis, dieciséis.- Dedica una afilada mirada a los ojos del monolito central- Nuestra solitaria, nuestra tenia, vaya bichejo más asqueroso por cierto, es el oficial Geryou, de Hiroshima.- Con las palmas de las manos encaradas hacia arriba trata de mirar a los oscuros ojos de los entrevistadores- Todo el mundo aquí conoce Hiroshima, ¿No?

El vapor de los monolitos trajeados comienza a encresparse. Chisporrotea.

-Suponemos que se refiere a la oficial Geryou- Escupe un monolito que luce unas pequeñas hebras verticales con un atisbo de color- Y sabrá que el nombre del submarino...

-Mmm... sí, es una buena hembra. Es una pena que la alegoría de la Operación Azucarillo le asigne el papel de un bicho tan asqueroso. Y el azucarillo...- Dirige el dedo índice de su brazo extendido al monolito sentado frente a él, señalándole amenazante- ...y aquí es donde falla el nombre de la operación,- Su gesto se relaja en un repentino encogimiento de hombros, como si no pudiera decir más- porque... bueno, de cualquier manera, el OKB-987 irá a socorrer al azucarillo, y la oficial Geryou será rescatada por el equipo de intervención, que será socorrido a su vez por el equipo de infiltración - Tom busca información en su carpeta lanzando papeles al aire- subcontratado por ustedes a la empresa... Abeweapon.

Entre los monolitos trajeados y acorbatados comienza a crecer un rumor, mientras algunos se agitan, inquietos. La sala de reuniones es enorme y fría, absolutamente blanca. Las ventanas arrojan sombras, y los monolíticos entrevistadores trajeados absorben la misma luz, como hechos de algún material que la atrapara. Algunos de ellos parecen furiosos. Otros, simplemente cansados.

-Esto es inaguantable.- Dice bruscamente el monolito de hebras verticales sustentadas en el aire. Su vapor se condensa y precipita en un líquido oleaginoso, se arremolina y sisea- Situación actual del equipo de intervención.

-El azucarillo... - Tom alza la voz todo lo que puede sin llegar a gritar.

-Y váyase de aquí. - El humo del monolito llena ya la mitad de la habitación, agitándose como azotado por fuertes vientos.

-Situación presumiblemente correcta, gentiles hombres,- dice Tom levantándose- se esperan noticias dentro de 2 horas. Gracias.

Dándose la vuelta haciendo ademán de irse, Tom golpea con el pie la silla de espino, que queda tirada a sus espaldas. Tom cierra la puerta apreciablemente más fuerte de lo normal. Levanta la mirada, e hincha el pecho. El pasillo con suelo de madera es cálido, y puede ver la hierba a través de la ventana, bajo el cielo despejado. Tom se va andando por el pasillo con aires vivarachos. Se imagina a los mustios monolitos discutiendo sobre su total incompetencia. En ese momento, sabe que por fin lo ha conseguido. Su puesto de trabajo tiene los días contados.

-Harry, tú eres nuestro enema. - Dice Tom a un grupo de ñus que toma café en el pasillo.


En las oficinas del ENOC, el Centro de Operaciones de Redes de Europa, Yuan mira a través del hueco practicado a una moneda de Amero con un soldador. La moneda de aleación de base en bronce brilla bajo el sol artificial, y a través de su agujero Yuan puede ver a su interlocutor, Proost Horstink, el director del centro, con sus pequeños rizos blancos y sus gafas de lente única- En resumen, la información ha sido robada, y borrada.- Dice.

-Y... ¿No hay pistas?- Pregunta Yuan.

-No tenemos nada aún. Hemos examinado los registros de hechos, sin encontrar nada inusual. Por desgracia éstos son de grano grueso.- El director inclina la cabeza hacia el suelo, avergonzado. "Realmente, ha sido un golpe duro para ellos", piensa Yuan, mientras el director continúa hablando- Cotejamos para encontrar un primer cambio pernicioso, el comienzo del ataque. Creemos que fue preparado con tiempo.- El director Horstink levanta una ceja. Sus ojos brillan a causa de una luz que proviene de encima suyo- De cualquier manera, nos costará encontrar algo, si es que hay algo que podemos encontrar. Lo único que podemos hacer es descartar posibilidades. Puede que sea posible recuperar los datos, después de todo. Con el tiempo, lo sabremos.- Horstink entrelaza los dedos encima de su bata de cuerpo entero, en la que no se aprecia costura alguna. Sus pies descansan en unas zapatillas blancas de apariencia ligera.

-Tengo la sensación de que alguien colaboró desde dentro.- Dice Yuan mientras guarda la moneda en el bolsillo camuflado de su camisa. Parpadea y observa a su alrededor. El ENOC es una gigantesca sala diáfana de forma redonda, bullente de actividad bajo un sol artificial con doscientas personas caminando y hablando, muchos de ellos vestidos con las mismas insulsas batas. Unos beben café, otros hablan, otros escuchan, otros hacen rápidos y mecánicos gestos en el aire. Yuan también puede ver a gente sentada mirando al techo, donde se dibuja un cielo de color azul claro en el que el sol artificial fondea. Bajo él, un holograma desvela la estructura de la red física de Europa. Luces azules desde el Estrecho de Gibraltar hasta Cabo Norte, y cerca de Oriente Medio, las luces azules se alternan con amarillas. Cerca de las fronteras con Rusia, luces destellan en rojo.

-No lo creo. - El director del ENOC agita la cabeza. - Las cuentas del personal pueden robarse, a pesar de los controles de patrón de respuesta neuronal. Siempre ha sucedido. Trabajamos duro para intentar cambiarlo. Es algo muy difícil.

-Espero que mejoréis vuestros registros.- Dice Yuan con media sonrisa, sacando de nuevo la moneda de su bolsillo para juguetear con ella.

-Estamos haciendo progresos, pero llevará tiempo. - El director cruza los brazos y mira para otro lado mientras habla. Yuan comienza a sospechar que quizás se siente ninguneado porque le han mandado un agente demasiado joven, y molesto porque ese advenedizo investigador del Servicio de Inteligencia del Pueblo Chino está sugiriendo que alguien de su equipo le ha traicionado. Pero Yuan no le ha contado toda la verdad. No le ha contado que está terminando su formación en la academia, que éste es su primer contacto con una operación real, y que el agente asignado al caso debía estar cogiendo un taxi en el aeropuerto.

-Nadie nunca reconoce tener tiempo- Interrumpe Yuan.

-No se preocupe, tendremos un sistema de registros de granularidad fina, capaz de almacenar futuras pistas. Solamente nos golpearán una vez. - El director del NOC de Europa sonríe con los ojos llenos de ilusión.

-Esperemos que tantos datos sean útiles - Yuan se encoge de hombros mientras juguetea con la moneda, que ha sacado de nuevo del bolsillo invisible. - Por cierto, ¿Es la primera vez que alguien roba datos de Europa?- Pregunta.

-Sí, así es. Tuvimos algunos intentos exitosos de infiltración en las primeras etapas, pero no detectamos ningún cambio en datos delicados y los ataques nos animaron a mejorar las defensas.

-Usted quiere decir que no detectaron ningún cambio, no que no cambiara nada.- Yuan lanza el Amero contra la mesa, donde rebota contra un calendario, en el que puede leerse:

16FE61

-Si está sugiriendo que la infiltración ha sido tan... eh... tan... cuidadosamente planeada... debo admitir que no es imposible, pero... el coste de algo así sería... - El director del NOC dudaba, balbuceaba nervioso.- Escuche, supongo que ya lo sabrá, pero... realmente, que alguien robe datos de Europa es algo muy grave. Europa es una obra maestra de la tecnología humana, un ser salomónico con código genético propiedad del dominio público, pero memoria privada. El ENOC es su centro nervioso. Coincidirá conmigo en la gravedad de la situación, no es necesario empeorarla con suposiciones infundadas.

-Escuche, tráigame a su equipo aquí, ahora. Quiero hacerles unas preguntas. Alguien de dentro ayudó y debemos encontrarle. - El director del NOC le miró sorprendido ante la repentina actitud de Yuan- Y quiero decir ahora mismo.


-Hola, buenas tardes a todos. Como ya sabrán, en el programa original de esta... conferencia, íbamos a contar con la presencia de la doctora Geryou, pero finalmente... bueno, no ha sido posible, así que continuaremos con la exposición "Redes de conexión de sensores químicos en estructuras rinales y sistemas nerviosos", de la doctora Ujamaa Shakur.

En uno de los múltiples salones de actos de una universidad del norte de la Península Ibérica, aplausos comedidos siguen al anuncio de la organizadora. La gente se mira entre sí con expresión decepcionada, murmurando. Yos se acerca a Zed mientras algunos de los asistentes se van y la doctora Shakur saluda al público. Yos lleva un chándal con caracteres chinos de velcro, y un kipá judío sobre la cabeza. Es su primer año en la universidad. Zed es dos años mayor que él, y siempre alardea de su saber. Es el único que Yos conoce que programe para un grupo de hackers, los Phrack.

-¿Qué haces, Zed?- Inquiere Yos.

Zed teclea en el aire, y los caracteres aparecen en la pantalla holográfica proyectada por su multiuso Black Hat, una pequeñita perla negra encadenada a un llavero, colocada encima de la mesa entre sus inquietas manos.

-¿Te has enterado de que han robado conocimientos de Europa?- Pregunta Yos. Zed solo mira la pantalla embobado, sin responder.

-Es difícil de entender, es como si, de repente, algo de la ética colectiva desapareciera, dejando una laguna. Una laguna mental en Europa, o una laguna legal en el sistema, o algo así.- Razona Yos mientras Zed mueve los labios como estuviera pronunciando algo.

-He leído que estás programando un virus de expansión marginal.- Insiste Yos.

Zed balbucea unas palabras ininteligibles. Yos se percata de que Zed envía un mensaje a many@phrack, adjuntando un pequeño script en pseudocódigo pascal, pero no sabe que el programa casero que usa Zed está calculando una ruta marginal para enviar el mensaje a su destinatario.

-El mensaje esquivará todos los controles y llegará a su destino.- Piensa Zed, convencido de que en alguna parte del camino, sus mensajes viajaban en botellas por el Océano Atlántico.

-Ayer no conseguí hablar con many@phrak, parece que te dedica mucho tiempo...- Dice Zed mientras la doctora Shakur explica los fundamentos de las conexiones nerviosas máquina-humano en la minimalista sala de actos. Su voz hace eco en las paredes.

-... Gñ...- Los ojos de Zed están rojizos, su boca reseca, su cuerpo entumecido. Muy lentamente, comienza a desperezarse. Siente envidia de Yos, que es capaz de escribir mientras corre por las galerías del parque interior de la facultad.

-Lla ha preguntado por ti. - Dice Yos, perdida toda esperanza de que su amigo se levante de la silla.

-Tráeme algo de beber.

-Ahora vuelvo.- Yos se levanta y se dirige hacia la puerta de salida mientras la doctora Shakur sigue explicando.

-Hablaremos también de cuantificar la mejoría en la adquisición de datos de la mucosa nasal mediante sensores olfativos, quedando éstos reducidos a redes neuronales, que la utilización de la estructura cerebral olfativa como nodo de cálculo para las señales del sensor olfativo. Finalmente hablar de una solución intermedia, y comentar las ventajas de estas soluciones frente a las de reprogramación de...

Yos cierra la puerta en silencio y baja por las escaleras que conducen al parque interior. La estancia está bañada en una cálida humedad. Lianas recorren las paredes que acompañan a las escaleras de madera. El camino sigue por una senda plagada de vegetación, bañada con sol artificial a través de claraboyas rodeando un invernadero subterráneo. Caminando por la senda, Yuan se cruza con numerosos estudiantes vestidos con ropas coloridas y sueltas de grueso algodón, prendas ultraligeras de varias capas, trajes ameba, y llamativos peinados. Yos recuerda que se ha popularizado recientemente una goma de pelo que permite almacenar varios peinados en un chip superficial y adaptar el peinado a la situación sin necesidad siquiera de mirarse al espejo. Yos no consigue recordar si se llamaba MemStyle o MemeStyle. Yos se detiene en el camino. El colorido torrente de jóvenes cuerpos humanos se desvía alrededor suyo. Alza la mirada al cielo para observar los pájaros, pero no los hay.


H abre en silencio la puerta de la esclusa de la sala de recolección de residuos del submarino OKB-987. La puerta da a un pasillo en el que se oyen ecos de voces lejanas. H cierra la puerta lentamente tras de sí. De improviso, la figura de una mujer sale de entre las sombras.

I

El agua es una aguja en la mente que despierta y enfría rápidamente la cara, el cuello, las axilas, la espalda, la entrepierna. Está verdaderamente helada y hace que H se despeje al instante. Las olas le tienen, le balancean. Escucha la espuma diluirse en el agua, su chapoteo. Los brazos, los siente pegados al cuerpo bajo el agua. Los pies aleteados, en constante movimiento manteniendo el tubo de respiración a flote. El cuerpo, en equilibrio.
Está tan oscuro que no se ve absolutamente nada. No hay Luna. Ninguna referencia visual en la que fijarse. Solo el agua helada. H lucha por mantenerse estable. El agua crea en él una irresistible sensación de urgencia, que le conmina a sumergirse. Huele a sus dos compañeros, y les hace una seña para descender. Sus compañeros repiten la seña y desinflan sus chalecos hidrostáticos. El cuerpo comienza a pesar, se hunde. La cara de H entra en el agua y todo se llena de burbujas, se hace el silencio amortiguado, y los buceadores descienden como piedras lanzadas a un pozo sin fondo.
Los sonidos que atraviesan el agua no revelan su procedencia. H tiene una leve noción, no obstante. La máscara aprieta contra la cara, los ojos miran al infinito, sin recibir alguna luz. El agua pesa alrededor. Los movimientos son lentos, eficaces. Las aletas impulsan al cuerpo en la dirección correcta, la brújula es la guía. Ni un solo rayo de luz en el agua negrísima.
H y sus compañeros buzos nadan a toda velocidad guiados por sus brújulas fosforescentes, sin perder el contacto físico entre sí. Sin pensar. Tratando de consumir el menor oxígeno posible, exigiendo el máximo a los músculos, al borde de la consciencia. H nada en un líquido oscuro, prenatal. Puede escuchar como el sonido lejano de una turbina va aumentando conforme se aproximan, poco a poco, durante kilómetros. El sonido ya es ensordecedor. Los músculos le duelen, la cabeza se le va, el corazón late lento y firme. Tiene que conservar oxígeno para la vuelta. Luces, allá a lejos. Son luminiscencias submarinas. Iluminan el agua como las constelaciones el cielo. Allí, una sombra gigantesca. Allí está. El titán bajo las aguas. El leviatán. El submarino. Se acerca. Ya está aquí.
H puede tocar la superficie metálica del submarino. Acariciarla a través del espeso guante. Notar los enormes remaches. Ver el óxido en la luz trémula de las luminiscencias. Recordar por dónde había pensado entrar. De inmediato desciende por el costado de la enorme bestia metálica, hasta el punto más bajo del vientre del submarino. H continúa por la quilla, recorriéndola longitudinalmente, siguiendo con la mano la superficie, rozándola, sin perder contacto, hasta el punto de entrada. El ano del submarino.
Las palancas fuerzan la chapa, doblándola. Un pequeño soldador subacuático rápido corta el punto exacto, y la chapa cede con un ruido sordo que envuelve a los buzos. El agua entra bruscamente hasta igualar la presión. Los compañeros de H se acercan a él. Uno de ellos le coge el brazo, apretándole con fuerza. El otro señala a su reloj sumergible, antes de darse la vuelta y abandonarle. H mete los brazos en el hueco por el que apenas cabe y se desliza dentro.
El entrenamiento no permite evitar la sensación de claustrofobia, pero sí permite poder soportarla. H nada arrastrándose por el conducto, un largo y angosto tubo metálico recto sin visibilidad . Trata de evitar engancharse con los tornillos y remaches. Más adelante, el conducto se estrecha. H lucha por controlar su corazón, la salida del conducto está cerca, y saberlo le apremia. Debe poder pasar por el estrechamiento del tubo, todo está calculado, midió su perímetro torácico y lo contrastó con los planos robados del submarino, teniendo el cuenta el adelgazamiento producido por la presión. Debe pasar. H mete en el estrechamiento las manos, los brazos, los hombros, el torso, pero la cadera se engancha en el conducto impidiéndole seguir avanzando. H trata de girar a trompicones, hasta conseguir entrar en la sección más estrecha. Es tan estrecha que apenas puede moverse. Se arrastra trabajosamente, centímetro a centímetro, sin poder hinchar los pulmones apenas, respirando con dificultad. Todo su delicado equipo de respiración roza contra las paredes siendo arrastrado por su cuerpo. Entonces el hombro le tira. El saco que lleva colgado detrás se ha enganchado. La cuerda que lo une a su chaleco está tirante. Volver atrás, desenganchar y seguir adelante. El conducto se curva hacia abajo, descendiendo verticalmente. Es el punto de no retorno. H puede oír su respiración acelerada. Se concede a sí mismo un momento para tranquilizarse. De repente, el sonido de las turbinas del submarino se detiene. Una corriente empuja a H hacia adelante, sin conseguir moverlo. El agua corre con velocidad ahora, muy rápido por donde H no obstruye su paso. El submarino está emergiendo, piensa H. Si emergen ahora, su cuerpo se hinchará por la baja presión y llenará el conducto, se quedará atascado allí para siempre, morirá asfixiado cuando se le acabe el oxígeno. Su única esperanza es un codo vertical descendente del que sabe que no podrá salir.
H gime mientras sus pulmones se dilatan, su cara se embota, y el aire silba con fuerza en sus oídos, inflando sus tímpanos. H se libera de la estrechez con un fuerte tirón y se tira cabeza abajo por el codo descendente. El agua cae con él al alcanzar el submarino la superficie. Sus manos golpean una rejilla al final del conducto, toda el agua desaparece por entre los barrotes. El sonido de la superficie vuelve con un rumor ululante. Los pulmones le arden por la brutal descompresión. Boca abajo, apretado en el tubo, sujetándose contra la rejilla. trata de buscar el mecanismo que abra el conducto y le permita salir, pero no está ahí. H se quita los guantes, y concienzudamente, palpa cada resquicio de la superficie, buscando el más mínimo relieve. Nada. No sabe como salir. Sujetarse en esa postura es muy doloroso, el peso de su cuerpo y su equipo de buceo es asfixiante. El mecanismo, un botón biselado deslizante, debería estar enfrente suyo, pero no está ahí. Piensa en volver atrás, pero sería imposible volver a subir por el codo vertical. Comienza a dudar de si en este momento está boca arriba o boca abajo. Inconscientemente, concede una décima de segundo a la desesperación. Comienza a marearse. La cabeza y los oídos se le hinchan de sangre. Los ojos quieren explotar. Los pulmones hiperventilan. Los dedos buscan rápidamente por la superficie metálica una y otra vez. Nada. Nada. Nada. Los brazos de H comienzan a temblar por el peso, que ya es inaguantable. El dolor le hace emitir un gruñido. Exhala aire y sus codos se doblan lentamente, incapaces de seguir aguantando, quedando todo su peso apoyado contra los barrotes, con el cuello doblado y en tensión.