Bienvenido. Hace tiempo empecé a escribir una novela. Aquí está, aunque últimamente la tengo algo olvidada.

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Last update: November 25th 2009, 0:12:13

Leer desde el principio

Esquizofrenia en Sant Antoni

Escribo desde mi nuevo portátil, un poco mareado. A veces los colores son más vivos, pero es a costa de absorber los colores de los objetos circundantes, o acaso otros momentos son símplemente gris ceniza. ¿Los colores se están canibalizando? Entonces creo que el rojo va a acabar con todos, aunque puede que el azul claro consiga escapar refugiándose en el...

Un momento. La mantita que hay sobre mi cama se ha movido. Lo juro. Me levanto corriendo de la silla y me abalanzo sobre la cama, arrancando la mantita de cuajo esperando encontrar cualquier cosa que la hubiera hecho moverse. Quizá un pequeño animal o... nada. Debajo de la mantita no hay nada. Quizá haya sido un efecto óptico, una corriente de aire, o una alucinación causada por el cansancio. A veces los días son oscuros, y las noches brillantes, con un sol insultante que desafía los relojes. Por mucho que queramos convencernos de lo contrario, es la naturaleza la que crea el mundo y no al...

Terror. Indiscutible y primigenio terror absoluto. Ante mí, la mantita azul claro dibujada con sencillez de hojas y flores se mueve lentamente, como una anaconda desperezándose mientras parece fijar su atención en mí.

Aterrado, con el corazón palpitando fuera del pecho, lentamente me muevo alejándome de ese ser maléfico que se ha materializado en mi morada tomando forma de cotidiano objeto. Pero la mantita sigue mis movimientos, irguiéndose conmigo mientras trato de alejarme, mientras trato de alcanzar el picaporte de la estancia sin dejar de mirar fijamente al horror azul, que, ondulante, cada vez se acerca más.

Abro la puerta y salto fuera, con la mala suerte de golpearme contra un tendedor plegable. Mientras vuelan las bragas y los calcetines, la mantita se agarra a mi garganta con inusitada fuerza, tratando de estrangularme. Pataleando violentamente, consigo atravesar el pasillo y alcanzo la puerta de las escaleras, que desciendo rodando con la mantita sedienta de sangre enganchada al tobillo.

Dolorido, tras cuatro pisos de escalones en mi columna vertebral, trato de arrastrarme hasta la puerta del edificio mientras la mantita me cubre completamente, tratando de asfixiarme, y la portera observa patidifusa. Finalmente alcanzo la puerta y salgo revolcándome forcejeando con la mantita, mientras los viandantes continuan su camino, apenas fijándose en la dantesca escena que tiene lugar a sus pies.

Con un esfuerzo sobrehumano, me desembarazo de la tiranía azul, y arrojo la mantita dentro de un contenedor de basura. "¡Te dije que me libraría de tí!", grito. Libre, alzo la cabeza y siento el virazón que comienza a remitir. Pronto caerá la noche. Tengo que comprarme una manta nueva. Y dejar de leer a Buckowski. La portera asiente con su cabeza de caballo.

Dedicado a Pablor.