Bienvenido. Hace tiempo empecé a escribir una novela. Aquí está, aunque últimamente la tengo algo olvidada.

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Last update: November 25th 2009, 0:12:13

Leer desde el principio

XI

H lanza el llavero de comunicaciones contra la moqueta. Con el golpe, la textura de las paredes se hace rugosa y la iluminación blanca se torna de color pastel. -Mierda. Tenía que haber hablado de esto con él.- Dice, sentado en una cama de silicona. El color de la colcha bajo su trasero sigue cambiando de color lentamente.

-¿Hablado de qué? ¿Qué has hecho con el ambiente?- Ayame cruza la puerta del baño, mirando a su alrededor, la cadera oculta tras una toalla de hotel. Sacude su oscura melena y la frota con un cepillo.

-Tengo algo más que hacer aquí en Moscú. Tengo que volver a ver a un viejo amigo. Nuestra relación ha cambiado, pronto será algo parecido a mi jefe. No sé si estoy haciendo lo correcto, pero creo que ha llegado el momento de cobrarme lo que se me debe. He dedicado toda mi vida a servir a mi país, y ahora me dan la espalda. Pobre Tom, ya no hay más remedio. Yo también debo romper esas cadenas.- Concluye H.

Mejor trata de no romper el controlador del Domoze- Ayame coge el llavero que H ha tirado- Aunque... ahora que lo veo, este ambiente que has activado tampoco está nada mal. Resulta muy acogedor. Harry, no tienes buen aspecto.- Ayame se inclina al frente sujetándose la toalla, para que H pueda verla arrugando los labios- No me lo puedo creer. Cruzando los controles rusos que parezcas más despreocupado que ahora, sentado en la cama de una habitación de un hotel de

★★★★★

Lo que necesitas es relajarte un poco, olvidarte de todo.

Ayame se sienta al lado de H y apoya la cabeza contra su hombro, sonriente-Harry, yo también dejo Rusia a pesar de tener aquí un futuro. A veces es necesario seguir adelante.- Ayame juguetea con el mando del ambiente. Una red de luminiscencias rosas se enciende en la habitación.- Es natural que la gente te juzgue, pero no dejes que te importe demasiado. A veces es complicado saber lo que buscas. ¿Sabes? A veces creo que sé lo que quieres mejor que tú. Tú eres un luchador. Solo quieres seguir luchando. Eres feliz recorriendo las estepas heladas, buscando la supervivencia a treinta metros bajo el agua. Lo veo en tus ojos, cómo se iluminan con cada reto superado, con cada nueva meta.

-Pero... ¿Por qué emperrarme en seguir buscando nuevos objetivos, nuevos cabecillas a los que venderme? ¿Por qué no terminar mi carrera sentado en una de esas cómodas butacas de oficina?- H levanta sus brazos, los cruza por encima de su cabeza, y sus vértebras crujen una a una, lentamente- Tú eres muy valiente, Ayame. Ser capaz de embarcarte en una aventura como ésta es algo sorprendente en alguien tan joven. Y siempre tienes fe en la gente. Yo ya no puedo tener fe en nadie más que en mí mismo. A veces no entiendo como puedes confiar en mí. Alguien que es capaz de dejar atrás sus amigos y su país. Alguien que no es capaz de mantener una familia unida.

Desde que nos conocimos me has sacado de aquel maloliente submarino ruso, me has llevado a través de kilómetros y kilómetros de hielo y nieve, nos pasaste a través de los controles de inmigración... me has salvado la vida unas cuantas veces. Lo has estado haciendo desde que nos conocimos. Solo puedo estarte agradecida. Confío en ti porque me has demostrado que puedo hacerlo. No me importa a quién hayas dejado atrás. Cuando me hablaste de tu pasado entendí que querías tener una familia, quizá las circunstancias te fueron desfavorables.

-Todos somos nuestras circunstancias, Ayame. Creo que no soy la persona adecuada para aquello que quiero ser.

-Yo no estoy tan segura. Tuviste esa vida, Harry. Pero no eras feliz. ¿Y sabes por qué? Porque no debes lealtad a nadie más que a ti. Las butacas de las oficinas serán cómodas, pero tú eres un animal salvaje. No podrían retenerte mucho tiempo. No te veo envejeciendo junto a una hoguera. Necesitas nuevos enemigos.

-Pero no sé qué esperan de mí. Quizá Tom tenga razón: no sé qué precio voy a acabar pagando. ¿Y si tengo que poner la vida de mis compañeros en peligro? ¿No debería retirarme en silencio, enderezar mi camino? Y sin embargo, allá voy, a vender todos mis secretos al mejor postor. Espero que sepas guardarme el secreto.

-No voy a contarle nada de lo que me has dicho a nadie. Y si quieres enderezar tu camino, asegúrate de que es el tuyo. Tus hijos ya son mayores. Una cosa es que hagas todo lo que puedas por ellos, y otra que te inmiscuyas en su vida. Olvida el pasado y sigue adelante. ¡No dejes escapar esta oportunidad! Y si lo que necesitas es dinero, los rusos pueden dártelo. Si te llevas bien con ellos, claro. Yo ya he bebido suficiente vodka.- El mando llavero en la mano de Ayame parpadea y comienza a sonar una tranquila melodía.

-No quiero dinero, Ayame. Quiero reconocimiento. Pero gracias por tus palabras de ánimo, las necesitaba. No sé qué haría sin ti. Tú eres lo único que ha tenido sentido para mí todos estos días.

-Bueno, es tu trabajo, ¿No?

-No es eso. Creo que sin tu apoyo, sin tu bondad, sin tu fe en la humanidad, sin tu sonrisa, no estaríamos aquí.

-Oh Harry, eh... el mando del Domoze está vibrando.

-Oh no. Es Borislav, tengo que reunirme con él. Tendré una pequeña charla con él para arreglar nuestro asunto.- H se apresura hacia la puerta- Mañana cogeremos el avión a Nueva York.

-Harry, espera un momento. Sabes lo que pasará cuando llegue a Nueva York, ¿Verdad? Tendremos un comité de bienvenida esperándonos, o así espero. Nos recibirán con todos los honores; habrá fiestas, celebraciones. Pero nos separarán. Me llevarán de turismo, me encerrarán en una burbuja con todas las comodidades, dejarán que me relaje unos días en soledad, y solo me sacarán de mi aislamiento para ponerme a trabajar. Sé cómo piensan. Una vez conseguida la presa no van a dejarla escapar. Pueden pasar meses antes de que volvamos a vernos.

-Ayame, no digas eso, claro que nos veremos pronto... Mira, Boris me está esperando. Nuestro salvoconducto depende de él. Es mi único contacto en Moscú. Tengo que irme.- H se muestra dubitativo, pero se da la vuelta.

-Quizá no volvamos a vernos nunca...

H se detiene en la puerta. Se da la vuelta y ambos caen en un abrazo. H comienza a acariciar la espalda de Ayame. Se miran a los ojos. Ayame tiene los ojos entreabiertos, y mira a H con la lengua en los dientes. H acerca su boca a la de Ayame hasta acariciar su flequillo con la nariz. Entonces, el martillo del miedo golpea su alma. H se separa de Ayame y trastabilea hacia atrás. La habitación gira a su alrededor a velocidad de vértigo. Un zumbido cruza su cabeza de oreja a oreja y vuelta a empezar. Miles de hormigas recorren su cuerpo de la cabeza a los pies. Su visión se reduce a una nebulosa de manchas rojas y grisáceas, que laten al ritmo que marca su desbocado corazón. Un dolor insoportable golpea la base de su cráneo. El profundo olor de su propia sangre le escuece en los ojos.

-No... puedo...- Murmura H.

-Harry, ¿Te encuentras bien?.

-No pasa nada, es solo que... tengo que irme.

H abre la puerta, toma el ascensor a tientas y sale del hotel. Le hace una breve seña al primer taxista de la fila y se derrumba dentro-A Presnenskiy Val, quiero decir... Пресненский Вал, шесть- Dice desvaneciéndose en el cuero raspado del asiento trasero del taxi.