Bienvenido. Hace tiempo empecé a escribir una novela. Aquí está, aunque últimamente la tengo algo olvidada.

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Last update: November 25th 2009, 0:12:13

Leer desde el principio

XII

El viento entrando por la puerta es un fresco cosquilleo. Se apodera de la piel y despierta a H. El dolor de cabeza ha desaparecido, pero H no puede moverse sin temblar. Intenta abrir los ojos, pero solo ve hebras oscuras moviéndose alrededor de luces cálidas. Los sonidos son graves, como sordos golpeteos en su despertar. Tomando conciencia de su cuerpo, siente que es agarrado firmemente. Es levantado y arrastrado, golpeado, sentado de nuevo. El frío desaparece. H se siente relajado. Un picor interno sube hasta su cabeza con una idea: movimiento. H abre los ojos.

-Hola, Boris.- Frente a H, múltiples manchas de colores forman la imagen de Borislav. Luces de velas artificiales, madera veteada en círculos cubriendo las paredes. Música. Rusos.

-Bienvenido a Moscú, querido amigo. Estás en tu casa. Aunque ya sabes que aquí somos más selectos.- La voz de Borislav es corpulenta, de fondo rasgado, acento cortante.

-Yo también me alegro de verte, Boris. Sí, Moscú es una gran ciudad. Es una pena que os empeñéis en bebérosla- La visión de H comienza a definirse.

-Aquí no vamos a beber vodka, amigo mío. Esto es una taberna inglesa, ¿No te has dado cuenta? Pero dime... ¿Para qué necesitabas verme?- Borislav viste un traje gris y camisa clara, desabrochada. No lleva joyas.

-Una taberna inglesa en Moscú... Ya que me acerco a verte podías haber buscado un lugar más típico de por aquí.- Una oleada de sangre oxigenada inunda el cerebro de H. Aclara la voz, baja las cejas, echa la mirada a los ojos de Boris, y comienza a hablar con voz seria- Boris, hemos estado hablando mucho estos días. Por mensajes, por teléfono, videoconferencia... incluso tuvimos una reunión holográfica con todo el mundo. Reconozco que la calidad de tu criptografía es soberbia. Y tengo una gran confianza en ti, pero a veces no puedes estar seguro de nada hasta que alguien te da un apretón de manos.- Formula H tendiendo la mano.

-¡Ja ja ja!- La risotada de Boris asusta a una mujer de aspecto desaliñado, sentada cosiendo un cinturón de piel, de manera que la nanoaguja le cose unas puntadas extra en la mano. La mujer fija en él su ceño fruncido.

-Cómo disfrutas cuando te ríes, cabrón.- H retira su mano. Las mejillas redondeadas y la nariz afilaba de Borislav dan cobijo a unos ojos pequeños, oscuros.

-Eh, Pero... ¿Cómo? ¿Qué es ese lenguaje? ¿No te enseñaron tus padres a hablar correctamente?- Boris levanta el brazo- O... ¿No tuvieron tiempo antes de morir calcinados?- Un grifo colgante se acerca, llena la jarra de Boris de cerveza, y desaparece al gesto de H.

-Mis padres me enseñaron que las cosas no se toman,- Dice H mordiéndose la lengua- las cosas se piden. Por eso estoy aquí. Necesito dos salvoconductos para coger un vuelo de Moscú a Nueva York mañana.

-Vaya vaya, pues sí que empezamos bien.- Los ojos de fresco azul de Boris brillan- Aún no has hecho nada por nosotros y ya estás pidiendo favores. Una cosa es pedir y la otra es llorar como hiciste aquella noche en Jerusalén.- Boris bebe un largo trago de cerveza. H puede ver retazos de barba mal afeitada en su papada- Te recuerdo perfectamente, llorando como un niño pequeño. Y no te quejes, la cirugía hizo milagros contigo. Sobre todo para ser una parte tan delicada.- H abre los ojos de par en par, como tratando de asimilar el desafío de Boris. Al otro lado de la sala surge un vocerío. Fuera de la taberna, un hombre estrella la cabeza de otro contra una ventana repetidas veces, sin conseguir romperla. Algunas personas agitan los puños y emiten gritos rítmicos jaleando la pelea. Algunos salen corriendo de la taberna para unirse a ella. Un hombre tras la barra sube el volumen de la música para evitar oír los gritos de auxilio y las amenazas.

-¿Qué tal está tu mujer?- H alza la voz para reanudar la conversación, haciéndose oír entre el griterío.

-¿Qué?- Boris también alza la voz, aparentando no haber oído a H.

-¿Qué tal está tu mujer?- H repite la pregunta moderando su voz. Los gritos han cesado y son sustituidos por quejidos y lejanas sirenas.

-Oh, bien. Hace una semana le inyectaron las nanomáquinas buscadoras y parece que todo ha salido de maravilla. Han destruido el tumor.- Boris juguetea con su jarra de cerveza, perfilando el borde de la misma con sus obesos dedos.

-Si tus nanomáquinas monitoras lo detectan a tiempo, solo es una inyección.- Dice H reclinándose en el banco de madera. Se lleva la mano al bolsillo, pero no encuentra nada.

-Sí, pero no todo el mundo tiene monitoras. Deberías acercarte a África a ver cómo están las cosas por allí.- Borislav miró a H con aire preocupado.

-Vaya,- El rostro de H se agrió- ¿Desde cuándo te preocupan los africanos?

-La verdad es que me siento feliz de que ellos estén sufriendo y yo no. Es ley de vida.- Boris sonríe complacido.

-Ya me extrañaba a mí. Eso pega mejor con tu carácter.- Escupe H.

-Un poco de respeto.- Boris alterna sus frases con tragos de cerveza- No te pido que me lamas el culo. Sólo que no cruces la línea que separa una charla de una discusión. Ya hemos sido bastante buenos contigo. La suerte te abandonó. Podíamos haberte tenido por mucho menos.

-Ni que fuera tanto lo que te estoy pidiendo.- H levanta el brazo. El grifo colgante se acerca- Кофе.- El grifo derrama una bola de pasta transparente en la mesa. El chorro de café caliente solidifica la pasta y la transforma en un vaso.

-Y... ¿Tú crees saber hablar ruso?- Murmura Boris con ojos repentinamente vidriosos, delante de su jarra de cerveza vacía.

-Mi ruso no está mal.- H bebe un sorbo de café- ¿Me tomas el pelo? Este café no es inglés.- Dice H.

-Mira, pides demasiado. Creo que deberías confirmarte con tener la inmunidad, el salvoconducto, solamente para ti. Es todo lo que se merece un dos caras perdedor como tú.- Borislav golpea la mesa con su jarra.

-Hablo mejor ruso que tú, flatulento bastardo.

-Harry, estás acabado. Tu mujer te deja, tu jefe se va, y tu país te da la espalda. No te queda ningún amigo, y no esperes hacer ninguno aquí. Cogerás tu dinero y correrás a forjarte una prisión y morir solo, desesperanzado. Mírate, das pena. ¿En qué te has convertido? ¿Qué fue de ese soldado, orgulloso de su país? Antes de pedirme nada, deberías ponerte de rodillas y lamerme la entrepierna.

-Tú sí que estás acabado. Los chinos tienen bloqueadas vuestras explotaciones en el ártico, y controlan las del antártico a través de Sudamérica y Sudáfrica. Tu negocio allí pierde fuerza, la guerra os ha dejado secuelas que nunca podréis superar. Poner a tu hermana a cargo fue una buena idea, hasta que se le acabó la suerte. La lepra del agua.

-¿Cómo sabes eso?- Boris palidece. Sus cejas y su boca se curvan hacia abajo, pero momentos después frunce el ceño y levanta su puño.

-Tu mujer habla en sueños.- Borislav devuelve la última sílaba de vuelta a la boca de H con un tremendo puñetazo. Dos. Tres. H trata de levantarse, pero Boris aparta la mesa de una patada, le golpea en los genitales, lo coge del cuello y abre la puerta de la taberna lanzándolo contra ella. H cruje contra el frío suelo de fuera de la taberna. Borislav sale de la taberna andando por encima suyo.

-Vivir para nada o morir por algo. ¿Qué prefieres, Harry? Si te mato, tu infiltrado pasará.- H yace inmóvil en el suelo.- Menuda pinta llevas. Está bien. -Borislav se prodiga con una risilla maliciosa- Con esto te has ganado la inmunidad diplomática para una persona más aparte de ti, pero no tientes más a la suerte.- Las botas altas de Boris le alejan de H- La suerte no está contigo hoy.

Un pitido trae de vuelta el dolor de H. Sus oídos le hacen mecerse, a pesar de estar tendido en el suelo.- Duele.- H se lleva la mano instintivamente a su regulador- El submarino...- Se da la vuelta en el suelo, quedando tendido boca arriba- No me dolía tanto desde aquel golpe en el submarino. ¡Mierda! ¡Borislav! ¡Hijo de puta!- H trata de levantarse agarrando su cabeza, sintiendo la herida- ¡Pues claro que estoy solo! Y cansado...- H se yergue y camina tambaleándose.- Cansado de luchar para la puta América, de trabajar para ella. ¡Con lo jodida que está! Lo que llegó a ser tiempo ha... - A H le faltan las fuerzas y vuelve al suelo derrumbándose- El viejo soldado, del mismo puto imperio resurgiendo de otra guerra civil, igual que la anterior. ¡Estoy harto de joder, harto de que me jodáis, y harto de las putas medallas!- H se quita la sangre seca de los ojos y grita con todas sus fuerzas- ¡Con una medalla más se jode más! ¿Verdad, cabrones? ¡No hago esto para vengarme! ¡No es una medalla más! ¡Putos rusos! Jodeos todos... Que pena que esté demasiado viejo para aprender chino...- H se levanta de nuevo y reanuda su marcha- Los chinos deberían dar el golpe de gracia y tener el honor de destruir el planeta.- H camina haciendo presión en su herida- Lo peor de todo es que Ayame tiene una buena ración de polvos. Pero es una misión, y aquello que no sé dónde está escrito me impide tirármela. Si la muy puñetera no me mirara de esa manera, con sus ojos almendrados y esos largos labios como si estuviera esperando a que se le tirara encima... Lo que más odio es que me trate de coger de la mano.- Lejos de la taberna, no hay farolas que iluminen el camino, H se interna en la oscuridad- Por suerte, pronto saldremos de este maldito país helado, y la misión llegará a su final. ¿No decías, Tom, que pensabas irte a una isla desierta con tu mujer a agonizar en un éxtasis continuo? No esta mal, pero con la obscena cantidad de dinero que voy a sacar con esto, puedo pagarme la Seguridad Vital.- H saca su llavero de comunicaciones, pero está inerte.- Ah, ¡Putos cabrones! ¿Creéis que la voy a joder, verdad? ¡No en ésta, mi última oportunidad!